Como pañuelos abiertos al viento
Y me dio Dios el don del Tiempo
Aquel que nunca tuve en abundancia
Y después del laurel y de la gloria
Cerré el libro, eché a andar.
En un lejano recodo de la vereda
Giré la vista por vez última
Viendo el camino que dejé atrás
Sonreí, volví a mi marcha.
Blancas estelas pintadas en lo alto
Me despidieron para siempre
Como pañuelos abiertos al viento.
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