El Clásico del fútbol español. Entre la ilusión y la desesperanza.
El clásico. Domingo 10 de mayo de 2026. Esta noche se celebra en Barcelona, uno de esos partidos de fútbol que el mundo entero entiende con mayúsculas. Mañana, miles de millones de aficionados, verán en Japón, China, Korea del sur e Indonesia, imágenes de las jugadas más importantes. Más cerca y a la vez más lejos, en Níger, Malí y Senegal, los más pequeños soñarán con emular a sus ídolos, de los que ya tienen sus camisetas, de imitación, claro. Desde Brasil a Polonia y desde Holanda, ahora Países Bajos, hasta Marruecos, los telediarios comentarán los goles y las ocasiones más claras. No importa como lleguen los dos equipos, ni la diferencia actual en la tabla clasificatoria. Importan, desde el pitido inicial, los gladiadores sobre la arena. Y es que en una fiesta así, donde las ilusiones vuelan al ritmo que marca el corazón acelerado de los aficionados, el resultado parece siempre incierto. Como solemos decir, puede pasar cualquier cosa. Sin embargo, si profundizamos un p...

