Ya no sonorán más las notas de Pink Floyd sobre el Sáhara...
Pues es verdad amigos, ya no sonarán más las notas psicodélicas de Pink Floyd sobre el Sáhara. Hago en este momento, mi último vuelo sobre el gran desierto, que es lo que significa, exactamente, su nombre en árabe.He cruzado, desde lo alto y de norte a sur, infinidad de veces, sus tierras salvajes y sus dunas de más de doscientos metros. La mayoría de las veces, de noche cerrada. Cuando el suelo no se ve, solo se intuye. Cuando después de varias horas de travesía, todos duermen y apenas hay nada bajo mis pies. Solo oscuridad.Hace dos horas que despegamos de Dakar, la bella esquina que constituye el punto más occidental del continente africano. Miro el reloj. Marca las 01:32 Z.Ahora mucho más relajados, tras dos cafés y después de haber realizado todos los cálculos del vuelo, preparo la magia y aviso a mi sorprendido compañero, es la hora de disfrutar de los más grandes. ¿Has escuchado últimamente a Pink Floyd?La legendaria banda de Londres, me ha acompañado en muchos de esos momentos y siempre es un placer escuchar sus temas más icónicos.Cuando la única tarea de los pilotos es hacer los chequeos rutinarios y comprobar periódicamente que todo va bien, es el momento del deleite sublime. Bajadas ya, al mínimo, las luces integrales de los instrumentos de cabina y con la vía láctea como único testigo, comienzan a sonar las notas de "Shine On You a Crazy Diamond".Unos sonidos tan familiares que, a veces, mi mente adelanta el tempo real del tema de Roger Waters. La tristeza infinita del amigo perdido por su genial creador, solo puede ser interpretada por otro genio, David Gilmour, cuya guitarra traspasa los baremos que aplicamos al resto de los mortales. Los sintetizadores de Wright y la batería del maestro Mason, completan el virtuoso círculo. Es la perfección? Para mí sí. Sin duda.
A Pink Floyd, el exito les reventó en la cara literalmente y de una manera tan brutal que les costó mucho salir adelante. El albun anterior,¨The Dark Side of The Moon¨, les dejó agotados emocionalmente. Habían cumplido sus sueños y tenían el disco más vendido de la historia. La fama y el dinero les condujo a una etapa confusa y vacía que duró prácticamente dos años. Fue el trabajo que ahora escuchamos el que les devolvió la humanidad y azuzó su ingenio para criticar con varios temas menos importantes, a la industria musical que casi les había fagotizado y de la que salieron fortalecidos.
El mundo se ralentiza a pesar de la enorme velocidad con la que nos desplazamos sobre el suelo, dejando atrás enseguida, aisladas luces que parecen el reflejo en la tierra, de las estrellas que brillan ahora en el cielo oscuro. Son miles de estrellas y el espectáculo es sobrenatural. Aviso de nuevo y entorno los ojos para un corto descanso controlado y perfectamente regulado.Antes de que finalicen los cuarenta y cinco minutos de "Wish You Where Here" vuelvo a la realidad de mi cabina.Se ven a babor las luces del antiguo Sáhara español. Supongo que Dakhla, antes Villacisneros. Allí se arrió por última vez la bandera española para izar la de la cercana Mauritania. Hoy es la de Marruecos la que ondea al viento de sus costas, repletas de entusiastas del kite surf.Que mal lo hicimos otra vez, joder. La diplomacia nunca fue nuestro fuerte y seguimos pagando por ello...Bueno, bueno, no quiero que nada me distraiga en este momento de comunión entre el cielo y la tierra.Navegamos ahora con rumbo norte noreste, hacia el sur de Marruecos. Un territorio rico en paisajes de mil colores y una cultura ancestral, ya abierto a todos y fácil de conocer. Lo visité hace dos años y quedé prendado de la belleza del alto Atlas y todo lo que lo rodea. En la plaza Jemaa el Fna, de Marrakech, sentí que perdía una parte de mi espíritu aventurero, que prefirió vagar allí para siempre, volando entre sus paredes de adobe y no volver nunca más a Madrid. No me extrañó y volveré a por ella, seguro.
Pienso que siempre me llamó la atención el Sáhara, y como no, lo he podido disfrutar, donde se debe, sobre la arena, con sus gentes, casi siempre amables y hospitalarias. Son gentes que cumplen escrupulosamente, una ley escrita en el comienzo de sus tiempos. He conocido a los hombres azules, cuyas "djellabas" tintan la piel de ese color tan noble y apreciado en este confín del mundo. He tomado el té con ellos. En un oasis verde y lleno de palmeras y flores rosas. En su tupido interior, un arroyo cristalino de aguas sorprendentemente frías, me invitó a descansar mis pies abrasados por la marcha y por el calor.Vuela rápido el recuerdo y ya tengo en mente la soledad absoluta, hace mucho tiempo, en Douz, la puerta del Sáhara en Túnez.El caos frenético de la partida de una gran caravana, dejó paso a una desolación inimaginable treinta minutos antes. Sobre aquella arena di por finalizado el último viaje que hice sólo. Allí hundí algunos de los fantasmas que, tarde o temprano, amenazan la serena existencia de todo ser humano. Ahora no recuerdo si volvieron alguna vez. Quizás, pero si así fue, seguro que ya no les presté ninguna atención y desaparecieron para siempre en la indiferencia.También recuerdo con nostalgia unas pocas noches de estrellas imposibles en el interior de Mauritania, cuando despertaba el milenio.Fue la única vez que "Volé" el desierto.Un gran Aviador, Toño y un servidor, hicimos filigranas en el azul de su cielo limpio como un espejo, flotando, con un viejo DC9, sobre la pista 03 del aeropuerto de Atar. Un remoto lugar que a causa de las nubes bajas hoy no he podido ver, y donde una vez al año, durante el mítico rally París Dakar, la actividad abrumaba a sus pobladores por unos días, dejando un rastro de ruidos, plásticos, dólares y latas vacías de Coca Cola.Hace años que desaparecieron los dólares. Solo quedan los plásticos."La Ruta de La Luz", fue una ocasión extraordinaria para pisar de nuevo el gran desierto. Comprobamos de primera mano, como se mezclan la grandeza de un paisaje de otro planeta, con la miseria de la pobreza más extrema que, ni con esas, hace perder la sonrisa a un pueblo orgulloso de su historia y de su tierra.Volamos ahora a Treinta y nueve mil pies, cerca de nuestro techo, y recuperamos por un instante la cobertura ACARS. Aprovecho para pedir el informe meteorológico de destino, que dice que sigue soplando norte, con visibilidad reducida por una fina bruma.En poco más de dos horas de vuelo, las que me restan para aterrizar en Barajas, habré cerrado, quizás para siempre, una de las páginas que con más nostalgia recordaré de mi carrera aeronáutica.Arriba el cielo negro y estrellado a reventar, casi insultante.Abajo el gran desierto, el Sáhara y mis recuerdos.Conmigo siempre, allá donde vaya, la música de mi banda favorita.No puedo reprimir el deseo de escuchar esta noche, por última vez, el último corte del disco. Pienso en la gente con la que inicié mis pasos en la aviación y en mis padres. Siempre mis padres.Y en tantos compañeros que se fueron y que ya forman parte de ese cielo negro y estrellado. Para todos ellos recitaré el himno que supone la letra de "Wish You Were Here".Ojalá estuvierais aquí. Todos....10-12-2019(02:13Z)AJGCTRIANA

Magnifico.
ResponderEliminar