Historias de antiguo Aviador (0919)




Historias de antiguo Aviador 
         ( La vida tiene sus cosas ... )
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      Supongo que en muchas profesiones artesanales pasará lo mismo que en la mía, pero no escribo desde el conocimiento, sino desde la ilusión que me da contar la experiencia.
Cuando llegas al mundo de la Aviación, con mayúsculas, tan joven, tienes mucho tiempo por delante y demasiado por aprender. Es un poco abrumador y de todos los pilotos veteranos con los que coincides, aprendes algo. Además de un joven ambicioso, eres una esponja.
Con el devenir de los años, me di cuenta de aquellos Maestros verdaderamente importantes y de hasta dónde absorbí las enseñanzas, que de forma natural, estos me regalaron.
     Conocí a Fernando nada más ingresar en Aviaco. Era, a finales de la década de los 80, uno de los instructores que asignaron a mi grupo.
Su fama de hombre tranquilo le precedía. También su forma de explicar, de forma sucinta, cada una de las fases del vuelo, especialmente, allí donde los noveles cometíamos más errores.
Definitivamente no era muy hablador, pero cuando te dirigía un comentario de instructor, todos los nuevos le prestábamos mucha atención.
Fue una época dura, de la que guardo buenos recuerdos. También malos, claro.
Pasar de pilotar un avión de escuela, casi de juguete, a un reactor de más de cien pasajeros y cincuenta o sesenta toneladas de peso, es un paso complicado para cualquiera. Sin duda lo peor, era la endiablada velocidad a la que volábamos incluso a altitudes muy bajas. Decíamos de broma, que los pueblos, pasaban de dos en dos.
Después de unos meses y superada esa fase inicial, me soltaron en la flota.
Allí coincidimos a menudo como tripulación y sus consejos, con los de otros comandantes, y ya a cuenta gotas, me ayudaron a forjar una forma de ser particular en la cabina.
Esa manera de comportarte, única en cada persona, nos acompañará siempre como la sombra que no se despega nunca, porque forma parte de ti. En realidad eres tú.
Las reacciones, a muchas de las situaciones anormales que se presentarán a lo largo de tu vida profesional, vendrán, sin duda, condicionadas por ese pasado en el que tenías todo por aprender.
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       Sabemos lo rápido que pasa el tiempo y una noche de primavera, algo más de 30 años más tarde, hacía un vuelo a Bruselas y a punto de cerrar puertas, me informa la sobrecargo, que un piloto militar del ejército del aire, quería saludarnos.
Como siempre, entre compañeros Aviadores y siempre debidamente identificados, le permitimos la entrada en cabina. Teníamos frente a la puerta a un joven delgado y con cuidada estética, que vestía de paisano.
"Buenas noches, me llamo Fernando y soy teniente piloto del 43 Grupo, solo quería saludar"
El brillo de sus ojos indicaba que no era verdad.
O sea, sí.
Me explico.
Era cierto lo de saludar, pero miraba nuestras pantallas con la admiración de un niño sorprendido por la magia del "Cockpit" del A320.
Faltaban varios minutos para cumplir con nuestro horario y con las "checklist" debidamente cumplimentadas, iniciamos una breve conversación. Fue entonces cuando tímidamente dijo que quizás hubiéramos conocido a su padre, que un día también voló en nuestra querida Iberia.
Particularmente pienso que, honrar a nuestros mayores, a todos, pero sobre todo a los mejores, es un ejercicio casi obligatorio en mi profesión. Yo siempre lo hago.
Los que nos precedieron, han hecho posible el éxito de los que ahora ocupamos estas cabinas tan modernas y muchísimo mas seguras que en las que ellos, en su día, se sentaron.
Si además he tenido la fortuna de coincidir con el compañero aludido, mejor que mejor.
"Mi Padre se llama Fernando Adrados", dijo. "No creo que lo hayáis conocido".
Mi reacción, para su asombro, fue inmediata.
"Creo de verdad, que tu Padre ha sido uno de los pilotos grandes que ha pasado por esta Compañía"
El joven teniente esbozo una sorprendida sonrisa que me pareció interminable.
Le invitamos a despegar con nosotros en el "Jumpseat" central.
Desde ahí la visión es inmejorable y hay pocas cabinas tan espectaculares como las de nuestro Airbus, sobre todo de noche. Además, nuestros procedimientos, casi quirúrgicos, deleitan en su ejecución a los menos acostumbrados. Le explicamos algunas cosas que preguntó, fascinado por las nuevas pantallas de led, que sustituyeron a las antiguas de rayos catódicos.
Hablamos de Aviación. De la nuestra, de la suya, de la de todos.
En Bruselas, iba a presentar un trabajo, sobre el alcance de las operaciones y misiones de su 43 Grupo. Hay que aprovechar los momentos de preocupación por el medio ambiente y el conservacionismo, en boca y mente de todos. Son los famosos aviones apagafuegos. Son, con seguridad absoluta, los pilotos más queridos de este país.
Hablamos mucho de los tremendos incendios que azotaron sin cesar el país vecino, Portugal. De algunas técnicas básicas para aproximarte a las amenazantes llamas y tratar de extinguirlas. De como perimetrar las diferentes zonas en peligro.
Volvimos al motivo de su viaje y cómo había preparado en inglés, su amena charla.
La audiencia sería muy especial. Altos funcionarios, dirigentes y políticos de todos los países europeos.
"Espera, que te voy a dar una sorpresa con una probable asistente a tu conferencia".
Recordé que minutos antes de sentarme en mi asiento, saludé afectuosamente a la ministra de agricultura española y a varios ayudantes. Dejando a mi compañero al mando, salí para presentarle a Fernando, el hijo de Fernando, el de mis principios, a la ministra García Tejerina, que se interesó por su trabajo. Una vez roto el hielo, los dejé en el "galley" delantero en una amena conversación y volví a mis obligaciones.
Al bajar del avión, ya en Bruselas, nos dimos un abrazo y me prometió unas fotos impactantes de sus vuelos, que recibí días más tarde. Le felicité por su trabajo y por un futuro tan prometedor como evidente, dada su ilusión y su formación. Le dije que seguro que volveríamos a coincidir en algún sitio, vete a saber dónde.
La vida tiene sus cosas...
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          Pasados muchos meses, la tragedia en forma de incendio, abrazó mi isla con todas sus fuerzas. Los bosques de mi infancia ardían sin control devastándolo todo. Desde toda Gran Canaria, se veían las nubes negras del horror, entristeciendo al mundo entero.
De noche, en el paseo de Las Canteras, probablemente la mejor playa urbana del mundo, los paseantes observaban desde la distancia, las enormes llamaradas que reducían a cenizas, los pinos canarios que poblaban montañas y riscos imposibles. Era complicado evitar una lágrima, viendo el desastre ocasionado por la estupidez humana y la evacuación de miles de personas que, dejaban atrás toda una vida.
Toda ayuda era poca y en esos casos, lo mejor es cerrar los ojos al desánimo, encomendarte al cielo, y que de allí lleguen los ángeles del 43 Grupo de Fuerzas Aéreas.
Los archi-conocidos "Corsarios" y "Focas", han participado en cientos de misiones, dentro y fuera de España, acumulando más de 150.000 horas de vuelo y un prestigio incuestionable. Eso lo sabía toda España y lo sabíamos todos en Gran Canaria.
La soñada aparición de los "Apagafuegos" era la única posibilidad que nos quedaba, viendo la magnitud del monstruo y lo escarpado del terreno, donde no paraba de crecer. Volaron desde Extremadura y después de más de cinco horas de travesía, pidieron instrucciones a Control de aproximación de Gran Canaria, para iniciar de inmediato su actuación. Sin un minuto de descanso.
Uno de sus lemas, "Donde pongo el ojo, mojo", habla bien de la pericia de estos caballeros del aire. Las primeras maniobras de los pájaros amarillos, dejaron boquiabiertos a los ciudadanos capitalinos que no daban crédito. Verlos bajar en picado, desde, como si dijéramos, un poco más arriba del Paseo de Chil, buscando la zambullida en el puerto de la Luz, frente a Las Alcaravaneras, para llenar sus barrigas de esperanza, se convirtió en algo viral en pocos minutos. Cientos de personas se enracimaron en la avenida marítima, frente a la bahía, entusiasmados. Benditas imagines, las de los pilotos, pocos minutos después, descargando su pesada carga sobre los mas de cien kilómetros del incandescente perímetro, para ganar ese primer combate tan complicado.
Un lucha de titanes en las que, después de varias jornadas de pesimismo sin límites, comenzamos a vislumbrar la luz de la ilusión en Valleseco, Tejeda o Tamadaba.
Tras varios días de lucha y fatiga, los Corsarios a lomos de sus "Canadair", y por supuesto el resto de medios aéreos y terrestres, vencieron al terror de uno de los incendios más complicados y pavorosos que se recuerdan en nuestro país.
Pocos días más tarde, quedamos en vernos en Las Canteras, probablemente la mejor playa ... ya lo he dicho?
Fue una "quedada" de toda la ciudadanía de la isla.
Iríamos de verde, como el corazón de nuestros bosques, de nuestros pinos autóctonos, de las sabinas, de los beroles, de los cardones, de las tabaibas ...
Pero quedamos, para darnos la mano y hacer una cadena de reconocimiento.
Una larga cadena humana de miles de hombres y mujeres vestidos de verde, que se viera bien desde arriba. Desde la altitud baja a la que volarían nuestros héroes, para recibir el abrazo de toda una isla y nuestro agradecimiento y gratitud.
Vi desde la distancia, como movían las alas de sus pájaros amarillos, a modo de emocionada despedida. Sin duda, "ellos", en sus cabinas, también tuvieron que enjugar alguna lágrima furtiva, antes de que cayera al agua azul de Las Canteras y en cuya arena dorada de bajamar, se leían cientos de "Gracias"
Todos los canarios y muchos de nuestros visistantes turistas, con las manos entrelazadas, entregamos el corazón, para siempre, a los valientes Aviadores que salvaron nuestro presente y nuestro futuro.
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PD:
No me sorprendió, unas semanas más tarde, leer un mensaje que decía:
"Estamos flipando con el cariño de la isla. No olvidaremos este vuelo en la vida"
El mensaje lo firmaba un Aviador, Fernando, el hijo de otro Aviador, Fernando, el de mis principios. 
La vida tiene sus cosas ...
A los dos, un abrazo muy grande.






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