Trigésimo dia de confinamiento. Domingo de Resurrección.
Domingo de Resurrección a las 20:42.
Trigésimo día de confinamiento.
Hace pocos minutos que hemos dejado nuestros aplausos suspendidos en el aire de Madrid.
Con puntualidad británica, escruto los balcones de todos los días. No falta nadie.
Levanto la mano a modo de saludo que me devuelven con un gesto casi idéntico.
La pareja del ático, frente al nuestro, siempre se retrasa algunos segundos.
En cambio, los del tercero, cuando salimos a la terraza, están ya en su balcón y aplaudiendo con entusiasmo. Deben ser padre e hija, por aquello de la diferencia de edad. También salen los jóvenes estudiantes del edificio de la derecha. Solo que somos nosotros, los que de alguna manera, con nuestra ovación, les damos el aviso.
Al final suena el himno nacional y un "hasta mañana", de un vecino lejano y de voz potente.
Son treinta los días que llevamos escondidos del maldito virus y me temo, que son muchos los cambios adoptados, quizás para siempre.
Comenzamos aplaudiendo de noche cerrada, para hacerlo ahora con una luz preciosa de tarde.
Ya casi hemos olvidado el frío y la oscuridad de aquellos primeros aplausos.
Pienso en la lejana cancelación del Mobile World Congress, en Barcelona.
Fue la primera reacción al posible contagio del virus de Wuhan.
Algunos, los de siempre, vieron gigantes donde sólo había molinos.
Fue una suspensión sin duda atinada, aunque forzada por la decisión de muchas grandes empresas, que no quisieron participar.
Se jugaban mucho pero no quisieron acudir.
Acertaron las grandes corporaciones mundiales.
Se equivocaban las autoridades que afirmaban que, en ningún caso, la mayor feria tecnológica del mundo, estaba amenazada por la enfermedad que asolaba China.
Ya!
Sí celebramos ARCO, el partido ( sin público, aunque con recibimiento multitudinario ) de fútbol de Champions, entre el Valencia y el Atalanta de Bergamo. Joder de Bergamo!
Y cómo no, las marchas y manifestaciones del 8M.
Ay, las manis de las Izquierdas...
Treinta días en los que hemos pasado del miedo al confinamiento, a la seguridad de nuestros pequeños mundos blindados a la entrada del mal.
Cuatro semanas con decenas de conocidos que no esquivaron al "bicho".
Hoy sale Armando, por fin, en su particular Resurrección.
También Nuria, su María Magdalena, respira profundo desde hoy, en el domingo más hondo del año.
Recuerdo el olor a cirio, color tiniebla, de las procesiones, allá en Almería.
Con ellos y con más amigos, hemos rezado y sufrido, sin saber casi qué decir.
Qué difícil es hablar, cuando nadie quiere escuchar.
La ternura de un gesto, apenas se ve en la distancia. Todo es frío.
Los números del maldito se relajan un poco, ante la ausencia de vida exterior a nuestros muros.
Así y todo, son demasiadas muertes las que sumamos cada día. Demasiadas tragedias.
Mientras domamos el contagio, pensamos ya en el próximo paso que daremos.
Sabíamos que siendo difícil el encarcelamiento, más lo sería la liberación.
Como hacerlo sin dar un paso atrás?
Estupefactos, asistimos a una suerte de fechas muy abiertas, en las que, probablemente, quedemos libres. Libres sí, pero libres bajo fianza.
Bajo la amenaza de la vuelta al encierro, pisaremos este verano la arena de nuestras playas, con mas entusiasmo que nunca.
Con esa espada de Damocles, disfrutaremos de un paraíso tan conocido, como hoy inalcanzable.
Miraremos el cielo azul de agosto pensando en la suerte que tuvimos ?
Sonreiremos a su luna llena con un recuerdo de impotencia ?
Probablemente también salgamos más humanos a la calle que cuando fuimos aprisionados.
Quizás le pidamos menos a la vida, ahora que hemos comprobado que no necesitamos tantas jilipolleces.
Nadie gana en este envite.
Bueno, sí ganan algunos.
A ver ...
China. El gigante de donde se escapó esta peste, nunca pierde. Y si lo hiciera nunca nos enteraríamos.
Gana también el eCommerce. Seguro, rápido, fiable.
Algunos indecentes con sus ingenierías financieras, se han forrado en las increíbles caídas bursátiles.
También gente sin alma que trafica con mascarillas y demás material sanitario. Lo hemos comprobado al ver cambiar de destino un avión, ya cargado con el preciado material, porque otro estado comprador puso más dólares sobre la mesa del traficante y sus comisionistas. Basura humana.
Las grandes empresas tecnológicas que supieron ver la amenaza en el congreso de Barcelona, saldrán muy fortalecidas de este desastre.
Perder, perdemos casi todos. Lo sabemos.
Europa claramente, y con ella, el resto de potencias del primer mundo. Su nefasta gestión les condena.
La riqueza evaporada en esta treintena de días, es incalculable.
El desempleo será imparable. Y con él, la miseria.
También pierden conceptos clave de nuestros tiempos como la globalización y la lucha contra el cambio climático.
Se ha visto que en pocas semanas sin apenas actuaciones humanas, las ballenas han vuelto a nadar cerca de nuestras costas. Juegan los delfines en los canales de la maravillosa Venecia.
Los ciervos se adentran en las calles vacías de muchas ciudades
La contaminación deja ver cielos azules, donde solo había inmundicia.
Quizás no fuera tan tarde como predecían los mas alarmistas. No lo se ...
Pienso en mis hijos y en su futuro.
Les llaman la generación Z.
La generación que llama viejos, a los "Millennials", su generación anterior.
Nacieron cuando unos putos locos estrellaron dos aviones, llenos de inocentes, contra dos emblemáticas torres. Las derribaron. Nos derribaron a todos. Lo recuerdo como si fuera hoy.
Crecieron entre crisis, mas éticas que bancarias, que nos pasaron por encima, arruinando a muchos.
Siguen creciendo entre conflictos permanentes. Saben de Trump y del Brexit. Del zampabollos norcoreano y de la guerra comercial con China. Conocen más que nosotros a su edad.
Quién sabe si por eso, llevan mejor la incertidumbre del coronavirus.
Asumieron los cambios mucho mejor que el resto, porque son la generación de internet.
De la información. De la inmediatez. De las redes sociales más actuales.
Desecharon Facebook, pero se abrazaron a Youtube, Instagram, Snapchat y a Whatsapp.
Hasta tal punto que su smart-phone es un apéndice mas del cuerpo, y quizás mas importante que otros.
Con él compran "chollos" en Amazon y contratan, desde el sofá, Netflix o Spotify, donde me ponen mi música favorita. Yo solo pongo la Visa, claro, pero me gusta.
Mis hijos tiene cuarteadas, como un jodido puzzle, las pantallas de sus modernos teléfonos móviles.
Les deben haber dado cientos de golpes. Son jóvenes. "Manos de mantequilla", decía mi madre.
Se tendrán que ganar una pantalla nueva. Están en ello. A ver si tienen suerte, aunque hasta la suerte es para el que se la trabaja, y lo saben.
No tienen paciencia es verdad, pero lo solucionan todo muy rápido. Creen que la paciencia es una virtud de viejos, a los que supuestamente nos sobra el tiempo. No es cierto. Ya se darán cuenta.
Después de cenar, se enclaustran en sus habitaciones, donde con sus potentes computadores, entablan conversaciones con amigos, a miles de kilómetros o juegan una partida en equipos de desconocidos, para arrasar a un comando terrorista. Quizás aquel comando que no supimos ver...
Hay quien dice que hoy los padres, tenemos menos comunicación con nuestros hijos.
Yo no lo creo.
Sí pienso que esta época, en la que internet ha revolucionado nuestro todo, ha creado una nueva comunicación.
Imagino la comparación de lo que pasó con una de la grandes revoluciones socio culturales del ser humano, la invención de la imprenta.
Cuando los libros llegaron a las manos de los jóvenes de entonces, difundiendo el conocimiento sin limites.
Y a sus padres diciendo : Hay que ver cómo ha cambiado la juventud, que ya no habla con sus padres...
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Jó, como pasan las horas. Me pongo a escribir, mientras escucho mi nueva Playlist en "Spoty" y ya sabemos. Menos mal que mi hija me ha enviado un wapp, preguntándome si quiero una ensalada para cenar y que baje. Os dejo. Feliz semana, amigos!
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