La verdadera diferencia entre nuestro Covid19 y el del resto del mundo.

 


         Según evoluciona el verano, ya en su recta final, podemos confirmar que es España, la nación que vuelve a padecer la peor situación europea, en cuanto al maldito corona virus.
Nadie muestra unos datos semejantes a los nuestros, y la pregunta pertinente es, porqué?
Hemos leído hasta hartarnos, que la peor gestión mundial de esta pandemia, ha sido la española.
Medios de prestigio y poco sospechosos de "ternernos manía", lo anunciaron de forma rotunda.
Leo en "Redacción Medica", que el informe de la universidad de Cambridge, también lo confirma.
Parece ser que en el estudio aludido, se incluye una clasificación con cinco indicadores, que miden el comportamiento desde el inicio de la pandemia. La mejor gestión según la afamada institución, se la asignan a Korea del Sur. También están en esos puestos altos, los países de siempre.
Japón o Noruega, por citar dos clásicos del bien hacer.
España se encuentra en último lugar.
No hay ningún país detrás. Ninguno.
La conclusión es la misma que publican en The Guardian, The Washington Post, Le Monde o Bild.
Hay muchos más medios, pero no creo que haga falta citarlos.
Ni los más entusiastas de este gobierno raro, podrán cuestionar lo hasta ahora escrito en esta reflexión.
Son datos que se pueden constatar en cualquier buscador de internet.
Otra cosa será ponernos de acuerdo en los motivos, con esos entregados defensores de cualquier cosa que haga el gobierno.
Tampoco lo veo necesario.
El periódico británico, publicó: ¿Cómo se equivocó tanto España en su respuesta?
En el mismo artículo, opinó que "Pedro Sánchez reaccionó tarde y torpemente".
Le Monde escribió: "España se da cuenta lentamente de la magnitud de la pandemia".
Todos coinciden en que el gobierno es muy débil y su formación, con jóvenes populistas sin ninguna experiencia, ha complicado las medidas a tomar.
No damos imagen de seriedad institucional.
Resaltan también, que falta coordinación entre los 17 mini países que forman España.
Otra vez que no creamos certidumbre.
Como escribí en la primera linea, mientras el mundo entero busca un remedio y una vacuna contra el mal, volvemos a leer que nuestras estadísticas actualizadas, se encuentran de nuevo a la cabeza de la desgracia.
Madrid es el nuevo Wuham europeo.
Es posible que el ratio patrio de contagios por cien mil habitantes (el 11 de septiembre), sea de 263, mientras el de Portugal es de 51 y el de Italia no pasa de 31?
Que es lo que estamos haciendo tan mal o el resto tan bien?
Algunos aluden que somos muy de querernos, de tocarnos, de besarnos.
Que somos demasiado familiares. Que llevamos muy mal eso de la distancia social.
Ese metro y medio resulta ser demasiado ... largo.
Quizás un abuelo alemán quiera menos a su nieto?
O tenga menos necesidad de mecerlo entre sus brazos?
Es posible.
Otros dicen que nuestra juventud es la culpable y que sólo entenderán la magnitud del problema, al ver a sus abuelos en la UCI.
Quién sabe si los jóvenes franceses, quieren más a los suyos.
También es posible.
El ocio, en sus diferentes formas, ha sido la causa segura expuesta por muchos ciudadanos.
Discotecas, bares, restaurantes, bodas y bautizos, son señalados como el origen de la desdicha.
A lo mejor los italianos ya no bailan aquellos "lentos" legendarios, que sonaban en su idioma, mejor que en ningún otro.
O a lo mejor ya no celebran los nacimientos y casamientos como hacían antes.
Como vimos en las películas de Coppola.
Todo es posible, claro, aunque a mí no me cuadran esas excusas.
Yo creo que, a estas alturas, la clave es sólo una palabra.
Particularmente estoy convencido de que es simplemente la interpretación de un concepto vital, lo que nos aleja del resto de países y lo que nos conduce, sin remedio, a la catástrofe.
La Real Academia Española define la palabra "Respeto", como "Veneración, acatamiento que se hace a alguien". También en su segunda acepción consta, "Miramiento, consideración, deferencia".
El sentimiento de respeto debe ser tan universal, que lo asuma tanto el individuo aislado como la colectividad, y empezando por los lideres sociales, que deben ser siempre ejemplares.
Lamentablemente es un concepto muy poco extendido y asumido en nuestro país.
Cuando paseo por las calles de Puerta de Hierro, una de las zonas más selectas de la capital de España, pongo mis cinco sentidos en alerta, para evitar pisar cualquiera de las numerosas cacas de perro que me amenazan.
Eso es falta absoluta de respeto. Y sin él, no hay civismo posible.
En Europa, es difícil encontrar paisajes sembrados de excrementos perrunos, como vemos aquí.
Creo que empiezo a explicarme.
Por ejemplo, sería inimaginable que un ciudadano holandés, alemán o irlandés, contagiado de Covid, no guardara cuarentena. Aquí uno de cada tres, no cumple con lo establecido.
Esa carencia de respeto típica española, hace que muchos de nuestros imbéciles irrespetuosos, sean perseguidos por policías y jueces, para el cumplimiento de una estricta cuarentena.
Cuando los políticos que gestionan nuestro país mienten como encantadores de serpientes, es falta de respeto.
Cuando no legislan para proteger al pueblo de amenazas tan monstruosas como esta pandemia, es falta de respeto.
También cuando la gestión del gasto del erario publico no es efectivo en su lucha contra el virus, eso es falta de respeto.
¿Porqué después de muchos meses, no tenemos rastreadores en Madrid?
Igualmente, cuando faltan los medios prometidos hasta el ridículo, en la fantasía de las campañas electorales.
¿Porqué este abandono de la atención primaria en situación irreversible tras la Covid19?
Entonces, es posible que este "bicho" no sea más letal aquí, que en nuestros países vecinos?
Quizás su mordedura sea igual de dolorosa en Valencia que en Oporto o Marsella, pero seamos nosotros, todos, los responsables de la maldita estadística?
Un último ejemplo de esa falta de respeto que nos tienen los inútiles que nos gestionan, tan indignante como clarificador.
Mi buen amigo Jose, es Comandante de B747, el admirado "Jumbo".
Desde hace años, viaja por todo el globo, pilotando uno de los aviones cargueros más grandes del mundo.
El planeta se le ha quedado pequeño hace mucho y tan pronto aterriza en Hong Kong, como desayuna en Ciudad del Cabo o cena en Chicago. Tiene más sellos en su pasaporte que Willi Fog.
Me cuenta que cuando llega a destino, siempre aeropuertos enormes, les hacen un chequeo de temperatura e incluso en muchos lugares de Asia y oriente medio, una prueba PCR.
Apenas le quedan ciudades donde no se les recluya en su hotel para el descanso, mientras esperan el resultado de la prueba.
En todos esos sitios rellenan tripulantes y pasajeros, un informe con datos personales, origen del viaje, domicilio y tiempo de la estancia, etc. Lo básico para facilitar un rastreo, en caso necesario.
El informe es absolutamente obligatorio, e incluye un pequeño croquis o dibujo, que indique el asiento ocupado en el avión y los ocupados por otras personas, en las filas aledañas.
Sin el informe debidamente completado, no se entra en el país. Ni de coña.
La última semana de julio, cuando mi colega llegó a Madrid, procedente de Estambul, rellenó metódicamente el informe que le ofreció la aerolínea.
No imagino su cara de sorpresa al confirmar que no había nadie, en ningún sitio, para la recogida del informe.
Y la toma de temperatura?
Preguntó en control de pasaportes.
Nada. Ni idea tenían los policías nacionales encargados de esa entrada en España.
Se encontró con personal de información del aeropuerto, los conocidos "chaquetas verdes", que tampoco supieron responderle dónde se recogían esos papeles.
Indignado me pregunto, ¿De verdad es tan difícil?
Joder, si recibimos mas de ochenta millones de turistas y la gran mayoría llegan en avión.
Jose caminó hacia la salida, encantado de encontrar a su familia con la ilusión de siempre, tras varias semanas lejos de casa.
Después de los abrazos, encontró el informe doblado en su bolsillo.
Desesperanzado hizo lo único que podía. Lo tiró a la papelera, antes de meterse en el coche.




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