CONCORDE 001 ( Un vuelo histórico )
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El primer vuelo comercial del Concorde se realizó por partida doble. El mismo día de principios de 1976, unió la capital francesa, con la siempre exótica Rio de Janeiro, y por otro lado, las ciudades de Londres con Bahréin.
Los estados de Francia y Reino Unido, habían ido de la mano desde el principio, en una inversión sin precedentes en desarrollo, investigación e innovación.
La polémica historia del icónico avión es de sobra conocida y se han escrito ríos de tinta sobre su éxito, fracaso y tragedia final. No insistiré en ello, a pesar de la fascinación que siempre sentí por él.
Lo que no todo el mundo sabe, es que mucho antes de esos dos vuelos inaugurales, el prototipo aterrizó en el aeropuerto internacional de Gando, mi Gran Canaria del alma.
Recuerdo perfectamente, el enorme revuelo que acompañó a su llegada y cómo los panfletos informativos llegaron a miles, a todas las manos de los que allí vivíamos. Los chiquillos, nos sabíamos antes de la llegada del formidable "Pájaro", sus supersónicas características, dimensiones y otros datos anecdóticos. Vete a saber el verdadero alcance de aquello en mi entonces lejano futuro profesional, pero el caso es que personalmente, aquel vuelo histórico, me tocó muy de cerca.
Se sabía que el 30 de junio de 1973, un eclipse de sol sería visible sobre el desierto del Sahara, en las mejores condiciones posibles. Por temas de seguridad, se eligió a Canarias como base de un experimento, que estudiara con observaciones de rayos infrarrojos, el curioso fenómeno astronómico.
El Concorde hacía que, si bien en tierra, una persona podía percibir el eclipse menos de un minuto, en el avión, a la velocidad adecuada, se podía observar durante más de una hora. Solo había que calcular ese dato en la masa de aire, para volar la oscura sombra de la luna, durante el tiempo necesario para el estudio.
Problemas como alterar el fuselaje del Concorde, practicándole unas perforaciones fusionadas en el techo, para colocar unas ventanas de cristal de cuarzo, alejó a los británicos del proyecto; no así a los científicos consultados por Air France, que estuvo encantada de participar en el experimento.
En Toulouse, convirtieron durante varios meses, el avión en un sofisticado laboratorio, quitándole la mayoría de los asientos e instalando todo tipo de aparatos. Con los escogidos científicos, viajaría un médico con su dotación completa, que velaría por la seguridad sanitaria de todos.
El afortunado galeno fue el reconocido Doctor Fulgencio González, mi Padre, miembro del equipo médico oficial del aeropuerto y apasionado de la Aviación. Ahora, con los años, puedo imaginar su entusiasmo.
A la hora programada despegó el Concorde 001, en dirección a la pista de sombra del eclipse. La duración de aquel histórico vuelo fue de cuatro horas, pudiendo realizar experimentos bajo la sombra lunar, por espacio de 74 minutos. La pericia del mítico Comandante André Turcat y resto de tripulación, se hace hoy más notoria, sabiendo que interceptó la trayectoria de la sombra, con una precisión de un segundo. En aquellos días, los sistemas de posicionamiento global no eran más que un sueño.
En fin, que el éxito fue absoluto y se consiguió "Un mapa estructural de la cromosfera solar con una resolución de 0,3 segundos de arco".
Ni que decir tiene que desconozco el significado de lo que acabo de escribir, pero lo que sí entiendo es que, según la revista "Nature", para conseguir ese resultado en tierra, se habría necesitado un telescopio de 350 m de diámetro.
Más allá del indudable logro para la ciencia y para los participantes, aquel histórico vuelo quedó para siempre en la memoria de nuestra historia aeronáutica.
Por supuesto, mi Padre nunca olvidó aquel vuelo. Yo tampoco.
( Para ti, Papá )

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