Poesía rápida y otras vainas


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     ( Decía Benedetti que la poesía siempre será la verdadera alma del mundo y no seré yo el que le quite un ápice de sensatez a la afirmación. )


Fue hace muchos años, quizás mas de treinta, cuando descubrí un certamen de poesía rápida que me fascinó. Belleza, sensibilidad y fluidez del lenguaje, en una vertiginosa carrera contra el reloj. Recuerdo que fue en Sevilla, una tarde de verano de las que solo conocí allí. 

Con un insoportable calor que me aplastaba y me obligó a buscar refugio bajo el aire acondicionado de la habitación, en el señorial hotel Colón, el hotel de los toreros.

Habíamos comido en El Burladero, el sorprendente restaurante del hotel que a menudo se convertía en un escaparate de la bellísima capital andaluza.

Frente a la siempre atractiva mesa de la tripulación, otra mesa reinaba en aquel local tan pintoresco. Antonio Burgos, el genial columnista local, departía ruidosamente con tres hombres con aspecto de poetas antiguos.

El caso es que después de la obligatoria siesta, tras una cola de toro que quitaba el hipo, me dispuse a escribir en el pequeño bloc de la habitación, mis primeros versos rápidos.

Con la vista puesta en los tejados del céntrico barrio, hilvané algunas palabras sentidas, con ideas románticas sobre la soledad y el abandono, cuando el amor desaparece. Y no quedó nada mal el experimento inicial. En poco más de media hora compuse un poema con algunas rimas facilonas que me conducían a la reflexión. 

Leí a poca gente aquellos versos, pero recuerdo que a mi Padre le encantaron. Y es que de alguna manera significaba añadir otra actividad, a la larga lista de aficiones que compartiríamos durante años.   Aviación, arte en general y pintura y poesía en particular. La tauromaquia, de la que confieso, mi posterior alejamiento a pesar de nuestras raíces salmantinas y la fascinación que siempre supuso en la familia.      De hecho, Fulgencio, mi Padre, pasó de torear clandestinamente algunas vaquillas en el campo, bajo la luna llena y desnudo, eso creo recordar que contaba, a ser cirujano de toreros en pocos años. Y es que la vida pasa en un suspiro.

No sé donde acabó aquel poema que hablaba de rupturas dolorosas y miradas perdidas entre lágrimas, no recuerdo si de remordimiento o de deseo; pero guardo celosamente, el último que escribió él, en sus últimos días de desesperanza. 

“Noche en Blanco”, descansa a menos de un palmo de mi lado de la cama, guardado en un cajón íntimo donde cohabita con una docena de calzoncillos, todos ellos azules. Al final, todo en la vida es Poesía.

En ocasiones me gusta regalar uno de esos poemas rápidos, que escribo como celebración de algún momento concreto.

La inolvidable fiesta que nos regaló mi exótico amigo Arún Sinha, en el paraíso del Sur más al sur de la España peninsular, me animó a dedicarle unos versos que inmortalizaran el evento y que hoy, después de varios años, cuelgo públicamente por vez primera. 


Arte tiene Tarifa

Entre las calles blancas

Que suben de besar la arena fina de sus playas.

Embrujo tiene el rincón esmeralda de jardines moros que ves desde la atalaya 

Junto al fuego de la chimenea que crepita al lado de los ojos negros de tu amada.

Magia tuvo el momento del baile frente a la vereda verde 

Que lleva al mar de espuma en los rompientes

Frente a las torres de Hercules

En el estrecho que une y separa dos mundos.


Gracias sinceras al amigo que vino de Oriente

Por veinticuatro horas maravillosas ya para siempre en la memoria.


AJGCTRIANA

MADRID 



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