Para mi amigo José M. Pérez Santamaría

 






       Querido Pepe, no brilla esta noche de tu partida, ni una sola estrella.

Y mira que salí a la terraza buscando la primera que luciera diferente, para regalártela, amigo “Santa”.

A oscuras te escribo este recuerdo, bajo un cielo lánguido y encapotado.

Ya ves que me cuesta enjugarme alguna lágrima de la tristeza que siento.

Y es que así son las despedidas. Lo sabemos.

Me acompaña, muy bajita, ya la escuchas, la música del maestro Leonard Cohen.

Buscaba su delicioso “Hallejujah”, para nuestra charla, pero me encontré con una sorpresa que apenas recordaba y me he puesto a escucharla. Quien sabe, quizás sea también una señal.

Las nubes que hoy cubren Madrid, son muy parecidas a las que volamos tantas veces juntos. Allí arriba, jugando con ellas, ambos fuimos muy felices. 

Recuerdo perfectamente mi primer vuelo, en un gran avión de líneas aéreas.

Tu acompañabas al Comandante “Yogui”.

No me acuerdo de sus apellidos, como casi nadie lo hacía nunca. Hasta él se presentaba así, entre el regocijo de todos.

Te acuerdas de aquel día ?

Yogui estaba recién suelto en su flamante puesto y tú, como copiloto antiguo, le apoyabas en sus primeros vuelos como piloto al mando.

Me asignaron vuestra tripulación, para ir familiarizándome con el avión y el nuevo mundo, maravilloso, al que me incorporaba.

Yo era el nuevo.

Un tercer piloto que apenas servía para nada, dada mi escasa experiencia.

Volamos a mi isla.

A Gando, Gran Canaria.

El aeropuerto donde mi Padre, hizo tantos servicios.

Lo pedí personalmente.

O sea, se lo rogué al jefe de flota.

Nunca olvidaré aquel primer vuelo, como tampoco os olvidé nunca a vosotros dos.

Luego coincidimos decenas de veces, durante años, incluyendo algún vuelo de pruebas, ya ambos como instructores.

Formamos un equipo estupendo en la Dirección de Operaciones, la última de Aviaco, e hicimos un gran trabajo, todos aquellos largos y duros años.

Recuerdo lo ortodoxo de tu forma de entender muchas cosas, entre ellas la Aviación y el vuelo puro.

Sin automatismos. A mano.

Concentrado al máximo. Como ya no volaba casi nadie.

Siempre fuiste un tipo duro.

Duro, con principios y disciplinado, como la tierra antigua donde naciste.

Un hombre de Toro.

Un toro de Hombre.

Porque en lo deportivo también era muy difícil seguir tu ritmo. No te cansabas nunca.

Solo había que verte sobre la bicicleta o bajando las pendientes mas inclinadas de Baqueira.

Y claro, siendo así, aprendimos mucho de ti.

Lo sabes porque yo mismo te lo he dicho varias veces.

Una de las últimas, en casa de otro amigo, también Pepe, donde os informé a todo nuestro gran equipo, que después de más de treinta años, en pocos meses dejaría de volar y me dedicaría a los míos y a mis labores.

Disfrutamos mucho de aquella mesa tan especial, en El Bohío.

Y eso que a mi me aquejaba un mal que comentamos y que todavía hoy, no acabo de arreglar.

Tú sabías también algo de aquello.

El caso es que quería agradecerte lo fácil que a los pilotos de mi generación, tú y muchos de la tuya, nos lo pusisteis.

La mayoría nos hicimos Comandantes bajo vuestro paraguas.

Incluso firmasteis de puño y letra, nuestros flamantes ascensos.

Siempre estuviste “Ahí” para nosotros y eso, un servidor, nunca lo olvidará.

Personalizo contigo, querido amigo, esta triste noche que nos dejas en Tierra, para ocupar el sitio que tenías reservado desde hace tiempo, en el Cielo.

Es el destino del último vuelo de los grandes Aviadores, que a la vez son grandes personas.

Allí nos veremos todos, amigo Pepe, Comandante Pérez Santamaría.

Eso sí, espero que sea dentro de muchos años.

Seguro que allí arriba, haciendo acrobacias entre las nubes y a la derecha de Toño, que para eso era más antiguo, no se te hace larga la espera.

Sabes que dejas un grupo, el de Pilotos de Aviaco, huérfano y desolado.

Te echaremos de menos muchísimo, no puede ser de otra manera, pero con satisfacción verás que seguiremos brindando, entre charlas alborotadas y risas, sobre los manteles de las mejores tabernas de Madrid.

       La canción que me sorprendió esta noche, de Leonard Cohen, como te decía amigo “Santa”, es el último regalo que nos hizo antes también, de su inesperada partida.

Se titula “You Want It Darker”.

Y no es otra cosa que la devastadora despedida del hombre que, sereno, sabe que el camino ha terminado.

El maestro Cohen, utiliza en esta plegaria mitad cantada y mitad recitada, la expresión bíblica de “HINENI, HINENI”.

Me da la impresión de que estos últimos días, en tu sufrimiento silencioso, también de alguna manera, la has pronunciado.

En hebreo antiguo, significa algo así como “Heme aquí”.

Una especie de “Aquí estoy para lo que quieras”, en profundo sentido religioso.

Bueno, ya no te canso más con mis cosas, que debes estar ocupado familiarizándote con el Cielo, como yo hice con el DC-9 en aquel primer despegue. Y todos los principios son tan apasionantes como agotadores.

Por ello, ahora sí, con lágrimas generosas en mis párpados, y bajo el cielo encapotado de Madrid, te deseo feliz último vuelo, Comandante.

..

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HINENI, HINENI

I’M READY MY LORD



AJGCTRIANA 

Madrid

30 de Agosto de 2022

 

Comentarios

  1. Mi padre siempre ha estado muy orgulloso de sus amigos y conociendo a cada uno de ellos cada vez lo entiendo más

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