Para José Fernando Díaz Fernandez, el "Melillense"
Que conste en acta, que el encabezamiento de esta reflexión lo comienzo, en tu honor, con la socarronería sureña que tanto te encantaba, amigo Pepe.
Supongo que ese José Fernando, así de seguido, en su absoluta plenitud, solamente lo utilizaría tu madre, zapatilla en mano, cuando de niño, la liaras bien parda, en las calles de tu Melilla natal.
En mi caso, el también contundente Alejandro José, solo lo utilizó mi abuelo, en una ocasión. Y te aseguro, que no hizo falta repetirlo.
Quizás nos adelantáramos unos años a la edad de oro de la telenovela latino americana. Con nuestros nombres, hubiéramos triunfado seguro.
Hasta aquí lo insustancial, lo prescindible.
Porque lo fundamental es, amigo mío, el vacío que nos dejas.
Si después de la partida de “Santa”, nos asaltó la conmoción, ahora con la tuya, más inesperada si cabe, solo queda pesadumbre, tristeza y desolación.
Que hacemos hoy, sabiendo de tu ausencia segura y permanente ?
Que tenemos que pensar o cuales serán ahora los planes ?
Porque alguien desde fuera pudiera decir, bueno, la vida sigue.
Vale. Es verdad.
Pero, que hacemos entonces con todos esos momentos que esperábamos repetir pronto y muchas otras veces ?
Como demonios coloreamos los grises que ahora nos invaden, sobre todo desde dentro.
Y que pasará ahora con nuestros acostumbrados whatsApp de fútbol, animando con descaro los corazones más blancos ?
Ya sabes que mañana comienza el polémico mundial de Qatar.
Una cita fundamental para nosotros, los buenos aficionados al fútbol.
Seguro que ya te has agenciado un lugar cómodo, en primera fila del Cielo, para animar a España, aunque nosotros hubiéramos hecho otra lista.
Que se siente al lado de Molowny, diria "Zumbi".
Y al otro lado, Paco Gento. Puestos a elegir.
No dicen que en el Cielo, todo es posible ?
Ah y en la mano derecha, un "Güendolyn" en vaso bajo de cristal del bueno.
Y otra vez vuelvo a escribir en serio. Como nos quitamos esta pena absoluta que se nos pegó a la piel, la mañana del postrero viernes de octubre ?
Recibí el mazazo de la noticia justo después de aterrizar en Lanzarote.
Después del brutal impacto me quedé angustiado y pensativo.
Recordé inmediatamente nuestros dos últimos encuentros.
Cuando te entregué el vino de nuestra barrica, “Pilotos de Aviaco”, noté tus ojos un poco apagados. Es lógico, después de un tratamiento tan duro.
Así y todo, sacaste fuerzas suficientes para recibirme.
Varios meses más tarde y ya casi recuperado de aquella primera apisonadora, quedamos donde nuestro amigo Pepe “Qūenco”.
Allí, entre banderas de España y banderillas con tricornios, compartimos un magnífico menú. Como siempre, tu tocayo, nos dio de comer lo que quiso.
Cocina de mercado del día y todo riquísimo. No recuerdo más.
Pero no recuerdo más, porque me quedo con las risas que confraternizamos sobre aquella mesa tan escueta. La más reducida, creo, que celebró nunca nuestro grupo.
De hecho, no me atrevo a decir quién estuvo con nosotros en aquel mantel del restaurante “Por fin”.
Creo que no hay de aquel día ni una foto.
O quizás si…
Charlamos, como siempre, de Aviación.
De nuestras vidas profesionales y familiares. Ambas tan plenas como dichosas.
De lo afortunados que siempre hemos sido.
De varias anécdotas divertidas y sobre aquel curso de calificación tan duro, que me diste, del Airbus.
Y del cambio radical que supuso la alta tecnología en la seguridad del vuelo.
También con pena, sobre el tiempo que ahora vuela tan rápido.
Y sobre el pesar de todos por el fallecimiento del otro Pepe, José Matias.
Joder, otro buen nombre de protagonista de telenovela.
Vaya plantel !
Yo, sin duda, me pediría el papel de galán, rodeado de bellezas reventonas y súper-escotadas. Ahí estaría comodísimo.
A “Santa” le pegaría mas el de malote, con su nariz aguileña y tez morena de la Castilla profunda.
Para ti el papel del cachondo guasón, que aparenta apenas dar importancia a nada, hasta que cerca del desenlace final, descubres que con sutileza e inteligencia, se ha llevado la mejor parte del pastel.
Estaba pensando que personaje asignarle también a Jesús Ubaldo.
Y casi me rio en voz alta con la ocurrencia.
Jó que nombres!
Seguro que rechazaría cualquiera que no fuera el de Jefe. Ya lo sabes.
Pues para él, ese que siempre desempeñó tan bien.
La imaginación es buena aliada para alejar tristezas y lloros.
Y los recuerdos.
Para eso quedan tantos buenos momentos, entre los pliegues recónditos de la memoria.
Por eso, mi buena memoria para las caras, me trae ahora el último abrazo que nos dimos.
Tenias buena cara al despedirnos, ahora sé que para siempre, en el exterior del último restaurante que compartimos.
Si lo llego a saber, te lo hubiera dado algo más fuerte y quizás un poco más largo.
Eso sí, sin empalagos.
Recuerdo que hablamos sobre lo bueno que había salido “nuestro” vino.
Redondo como pocos. Sabroso sin estridencias. Elegantísimo. Muy Rioja, decías.
Pienso continuar comprando esa barrica mucho tiempo. Y sé que te gustará saberlo.
Por ese recuerdo, y sobre todo porque después de tanta lucha, merecías mucho más tiempo disfrutando de los tuyos, sin duda lo más importante, esta noche saldré con una copa generosa de “Pilotos de Aviaco” Reserva 2016, a mi terraza.
Bajo el oscuro cielo, donde escribí con la misma tristeza hace tan poco tiempo, maldita sea, brindaré por ti, amigo Pepe Díaz.
Para agradecerte, como ya he hecho dos veces, lo mucho que nos distéis a los que llegamos después.
Por la amistad compartida tantos años.
Por la fortuna que tuve de conocer tanta gente brillante de aquella época dorada, donde los Aviadores éramos admirados artistas talentosos y no reconocidos operadores de sistemas.
Veo que sopla esta noche, potente, el viento de noroeste.
El METAR actual está dando 320/15-25KT
Configuración Norte en Barajas, ya sabes.
Perfecto para tu último despegue.
Pero por favor, esta vez quédate allí arriba para siempre, amigo. Donde fuimos felices. Donde necesitamos a los más grandes.
Que desde lo alto, cuando el cielo se oscurezca y amenace la tormenta más negra, ilumines la estrella que marca el camino seguro a casa de tantos de tus alumnos que siguen volando.
Porque tu legado es enorme y lo sabes, aunque no te gustara reconocerlo.
Es importante contarlo y recordarlo.
Que lo sepa el mundo entero. No mereces menos, Pepe.
Para eso lo escribo con respeto, con admiración y con cariño.
Y para repetir esos dos abrazos eternos.
Un abrazo, Aviador.
Un abrazo, Maestro.
"McKay"
AJGCTRIANA
Madrid, 19 Noviembre 2022

Te agradezco mucho estos comentarios, soy José, su hijo. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminar