LA PRIMERA IMAGEN ES LA DE UN BOSQUE
LA PRIMERA IMAGEN ES LA DE UN BOSQUE
(1)
El sudor le cubría el cuerpo de pies a cabeza, cuando despertó sobresaltado.
Miró hacia el techo desconcertado, sin saber con seguridad donde estaba.
Sentía que el corazón le latía a la velocidad de un rayo, palpitando como si estuviera en pleno infarto.
Tras unos instantes, cerró los ojos, respiró tan hondo como pudo y se tocó el pecho, comprobando que todo era un mal sueño.
Esperó varios segundos alguna reacción del vecindario, al grito que le sacó de la terrible pesadilla; pero no obtuvo respuesta.
O quizás no gritó. Otra vez, no sabía.
Hacía un calor tropical sofocante y eso que el sol todavía no asomaría hasta pasada al menos una hora. Lo pensó mientras miraba con ojos todavía vidriosos, la calle desde su ventana.
Triana se veía desierta a esas horas y contrastaba con la locura de gentes que en poco tiempo, comenzaría a recorrer los escasos doscientos metros que alcanzaba a ver desde la esquina del salón. Dudó si volver a la cama o darse una ducha fría y refrescante. La vista de las sábanas engurruñadas y la almohada enchumbada, disipó sus dudas, y a oscuras, se dirigió al cuarto de baño.
El agua fresca alivió de inmediato el sufrimiento de sentir los chorretones de sudor correr por su cuerpo, desde el cuero cabelludo hasta la baja espalda.
También refrescó algunos músculos doloridos y magulladuras en los antebrazos, cuyo origen no recordaba.
- “Será del último partido de fútbol 7 que jugué con la pandilla del Metropole ?”
No recordaba ninguna caída, ni siquiera un encontronazo fuerte con los defensas del equipo contrario, el Club Náutico, con el que casi siempre perdían. El resultado era lo de menos.
Otra vez los escabrosos detalles se acercaban a su mente en forma de incesantes “Flash-back”.
La primera imagen es la de un bosque. Un bosque y una estrecha carretera.
Acto seguido, amenazas, gritos animales y violencia.
Después la nada, el silencio…
Las instantáneas llevaban varias noches machacándole, después de una larga temporada en el olvido.
- “Déjalo ya joder.! No vale la pena”, se dijo.
Estuvo un rato largo ensimismado en el chorro placentero de agua fría, intentando mantener su mente en blanco.
En pocos días volvería a la península donde la ola de calor africano apenas se hacía notar.
Además, el aire corría mucho más intenso en la casa de la calle Fuencarral que en el apartamento de la céntrica Triana, en Las Palmas.
Así y todo, disfrutaba de volver a sus raíces a menudo y de detener momentáneamente el ajetreo en el que se había convertido su vida, para relajarse entre memorias y amigos de la infancia.
A veces era como entrar en un oasis de paz, mientras dejaba atrás el estrés continuo que le producía la capital de España.
..
.
(2)
Con los primeros rayos de sol en las azoteas coloradas de los riscos, salió del zaguán hecho un pincel.
Pantalón de lino azul marino, cinturón morado de fibras elásticas y camisa blanca con rayas azules. Entallada, marcando sus hombros firmes.
Siempre de manga larga y con dos vueltas remangadas, por supuesto.
En la calle, solo algún repartidor dejaba su pedido y desaparecía a la carrera.
Viró a la izquierda, en dirección al barrio de Vegueta y sin llegar a Guiniguada, se encaminó a la derecha por la calle Remedios, hacia uno de sus lugares preferidos en el mundo; la exótica Plaza de Cairasco, con sus altísimas palmeras y floridos jardines.
En la elegante terraza del Gabinete Literario, el camarero quitaba el polvo de la noche sobre las mesas acristaladas.
- “Café con leche, una tostada con aceite y un agua Firgas, por favor.”
- “Tendrá que esperar unos minutos, señor. Acabo de arrancar la máquina”
Asintió con una mirada de aprobación desinteresada. Como queriendo decir, sin problemas, para esto tengo todo el tiempo del mundo.
Involuntariamente su vista se dirigió a la amarilla fachada del histórico hotel Madrid, situada apenas a una veintena de metros.
Que pena que tan poca gente conozca la historia de su habitación número 3, pensó.
La noche del 17 de julio de 1936 se hospedó en ella, el general Francisco Franco Bahamonde.
Supongo que dormiría muy poco, porque en las primeras horas del día siguiente, firmó el manifiesto de Las Palmas y salió rápidamente hacia Gando, donde le esperaba el “Dragon Rapide”.
Lo extraño es que no fue por carretera, sino que en la oscuridad, cogió una falúa y llegó por mar a la base aérea.
Dicen que alguien avisó al general de una emboscada con intención de acabar con su vida y con la maniobra que pretendía.
La estrategia le dio resultado y ya sabemos los hechos que acontecieron después.
La habitación número 3 guarda el escaso mobiliario de aquella noche, como el tesoro histórico que es y obviamente, es la más reservada del establecimiento.
Volvió a su realidad y una vez más comprobó la agenda de la siguiente semana, intentando encontrar un hueco cómodo para atender a la insistente y novel periodista, amiga de no sé quién, que le pidió una entrevista.
Una joven publicación trataba de sacar la cabeza entre las poderosas revistas especializadas en arte. La pintura contemporánea era la sección donde todas se partían la cara, buscando los nuevos futuros genios de las brochas, los pinceles y todo tipo de instrumentos con los que terminaban sus modernas obras.
Quedar bien con los responsables de esas páginas podría venirle bien en el futuro, siempre suponiendo que la propia revista, tuviera futuro.
El éxito de su exposición en la galería DoSMaS, había sido el último espaldarazo en su ya dilatada carrera. Desde entonces, sus obras se veían en las páginas centrales de las más acreditadas revistas de decoración.
La alta sociedad madrileña se había disparatado con sus alocadas composiciones y de su cabeza apenas salían más ideas, ni de sus manos, más producción.
Tampoco quería “quemarse” y por eso había bajado el ritmo de trabajo en el estudio.
El único lunar a la envidiable situación, lo ponían las imágenes que a veces volvían a su mente de forma insistente. Fotogramas de una violencia inusitada que aparecen y desaparecen en un instante, pero conllevan sonidos que perduran varios minutos.
Gritos brutales, golpes secos, respiraciones profundas y estertores, se mezclan en ese batiburrillo de ruidos infernales que terminan de repente, en un apagado a negro absoluto.
( Primera entrega. Domingo 30 de julio de 2023 )
Tener dos residencias oficiales es un lujo que todo personaje público o no, sin ataduras, debería considerar.
Lo mejor no es que saltar de uno a otro, rebaje la tensión constante de la vida en la gran ciudad.
Eso es indudablemente bueno.
Pero lo mejor es la cantidad de situaciones coñazo que evitas al tener un compromiso en el “otro lado”.
Una fiesta con gente poco apetecible. Un ligue esporádico que ella quiera convertir en frecuente. Una invitación a una reunión soporífera.
Todas esas situaciones tienen su reflejo en la misma excusa.
Incluso a veces dominas tanto la evasiva, que, en realidad, no tienes ni que coger el avión. Alberto, en eso, después de tanto tiempo, era un experto.
..
- “La verdad es que no recuerdo desde cuando pienso de esta manera tan pragmática. Es un tema de pura lógica. Además, sólo digo abiertamente, lo que muchos piensan de verdad, pero les parece demasiado duro admitir.”
Así se expresaba Alberto ante los dos Antonio, amigos de siempre y compañeros de profesión con similar reconocimiento.
A menudo se veían para compartir comentarios de los mundos del arte y los artistas.
Es la mejor manera de estar actualizado en ese universo tan particular como cambiante. De cada pequeña corriente innovadora y movimiento, se puede sacar algo bueno que aplicar a tu propio trabajo.
La tertulia se extendía durante horas en la magnífica terraza del Café de Oriente, cara a cara con el suntuoso Palacio Real y rodeado de setos perfectamente podados, frente a la Ópera.
Quedaban para el café y tras el ocaso, seguían alimentándose de la animada charla, mientras admiraban la belleza del entorno y el deambular de las gentes sin prisas.
Hasta las estatuas solemnes de los reyes godos y nombres imposibles, parecían atentas al debate de los tres amigos.
Algo de culpa tenía también el cura Lezama, que servía la Mahou muy fría y la mejor brandada gratinada de bacalao del mundo conocido.
- “Sé que parezco mi abuelo, pero corren unos tiempos en los que nada parece tener valor.
Estaremos sin saberlo, en un nuevo nihilismo del siglo XXI ?
Desde luego, la generalidad de responsables políticos no ayuda.
Tengo la sensación de que nuestra clase dirigente, la mayoría poco preparada e inmadura, rozando lo infantil, está huérfana de valores fundamentales.
A la mayoría, le faltan principios, pero le sobran prejuicios.
Y eso hace mala mezcla.”
- “Ya estás otra vez con tu matraca?”
- “Claro! Es que no le veo solución al asunto.”
La retahíla es tremenda y sigue creciendo.
Muchos, demasiados, se apoltronan en sus cómodas atalayas viendo la ruina pasar entre nosotros, los de abajo.
El desastre que organizan con su mal hacer, desconocimiento y escasa preparación, nunca les llega a ellos. Lo padecemos el resto.
Unos llamaron ‘Casta’ de forma atinada a algunos gestores públicos, para acto seguido convertirse en lo mismo que con tanto acierto criticaban.
Sabéis de algún partido político que no tenga varios corruptos reconocidos y condenados, entre sus filas ?
Da igual que sea de los grandes y con muchos votantes, que de los pequeños y cuyos fieles caben en un gimnasio de barrio.
- “¿Eso no es nuevo pero y el dinero que han hecho desaparecer?”
- “Millones y millones de euros.”
Joder! Y ninguno devuelve la guita.
En el peor escenario, unos pocos años a la sombra y luego a vivir la vida padre, otra vez.
- “Pero lo que sin duda más me jode, más allá de nuestra política que me asquea, es que nuestro país se ha convertido en el paraíso de los maleantes.
Mira Barcelona, llena de chorizos de medio mundo, esperando en las puertas de los hoteles de lujo, a los confiados turistas extranjeros para ‘levantarles el peluco’.
- “Y lo del metro ya es la polla” interrumpió Antonio.
- “Los detienen cien veces y al rato ya están robando otra vez. Se despelotan de la policía.”
- “Personalmente tengo muy claro a quiénes tienen que agradecerle los votantes, esos récords de asaltos y hurtos, muchos con violencia.”
- “Vale! Pero esos son choricillos de poca monta. Lo que a mí me preocupa es que está demostrado que los delincuentes más asquerosos y con crímenes más vomitivos, quieren pasar sus penas en nuestras cárceles, en lugar de las de los sitios donde nacieron.
El porqué está claro. Y es sonrojante.”
A esas alturas de la charla, las preguntas y repuestas se mezclaban desde los tres lados ocupados de la mesa, con un desorden absoluto.
- “No hay un gran acuerdo entre los dos partidos de gobierno, en ningún tema importante como este, que alivie al sector de población más numeroso.
El sector que cumple la ley.
El que paga los impuestos.
El que no delinque nunca, más allá de alguna multa por aparcar mal.
- “¡Joder! El que les vota a ellos.”
La decepción del gran público es enorme y eso lleva a una desafección inmensa con la clase política de la que ya no esperamos nada.
Al final gobiernan, de una u otra forma, los pequeños partidos marginales que no comparten valores y objetivos con la mayoría aplastante de españoles.
La Justicia con mayúsculas no parece ser muy justa y eso que es el gran pilar de la Democracia.
No me extraña que seamos uno de los países de Europa cuyos ciudadanos tienen menos confianza en ella. Lo dice un estudio de la propia Comisión Europea.
Desde allí nos advirtieron hace poco, diciéndonos que deberíamos garantizar la independencia judicial.
Pues muy claro no lo deben ver, no ?
- “Es verdad que ahí tenemos otro problema importante”
Abro un periódico y después de un rato hojeando la primera mitad, me dirijo a la sección de deportes para aliviar un poco la mente.
Hay tanto personaje en el mundo que, si se volatilizase, este sería mejor, que no sabría por dónde empezar la lista.
Los pederastas incorregibles que salen de prisión, sabiendo que volverán a atacar sin piedad a menores siempre indefensos, serían de los primeros.
Un tal Chapman, murió hace poco en libertad, después de admitir la violación de más de cien niños y el asesinato de al menos dos. Quien sabe a cuantos mató el maldito monstruo.
Leí que en Colombia, se plantean la posibilidad de dejar libre a una bestia, le llaman así, considerado el peor asesino en serie del mundo, violador y asesino de casi 200 niños. Parece ser que su buena conducta en la trena y sus horas de estudio, podrían rebajar su condena de 40 años.
Pasa lo mismo con el asesino de 77 adolescentes en los atentados de Oslo y la isla de Utoya.
Su condena es de 21 años.
La máxima en su país.
- “ De verdad os parece serio? “
Aunque sea prorrogable, la pena sale a algo más de un trimestre de condena por chaval tiroteado hasta la muerte.
El buenismo y la gilipollez no es un asunto exclusivamente patrio, lo sabemos.
También los terroristas de todo pelaje, cuyos aberrantes atentados han segado tantas vidas estarían en esos puestos. De hecho, muchos están ya en libertad.
Me vienen a la mente decenas de casos, en los que los autores de hechos execrables gozan de ver libres el amanecer frente al mar y de abrazos de los suyos, mientras los familiares de sus víctimas sufren la desolación permanente, ante una indiferencia social generalizada.
Atentados tan cercanos como el de los trenes de Madrid, el de Las Ramblas de Barcelona o el asesinato de Miguel Ángel Blanco, estarán siempre en la memoria del buen ciudadano.
Leyes disparatadas e interpretaciones peregrinas, hacen que personas con valores pierdan el respeto a los tribunales y al propio sistema, arrastrándoles a lo que algunos llaman extremismo.
Ese cóctel, entre la sensación de abandono y el propio extremismo, es el que induce a pensar que lo bueno para todos, es que ese “fulano” y aquel “zutano”, estén definitivamente … ausentes?
Perdidos?
Desaparecidos?
Neutralizados?
Eliminados?
O simplemente, muertos.
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La primera foto que le asaltó otra vez fue la de un bosque
Y enseguida un hombre rodando violentamente, pendiente abajo entre los pinos.
Y cada dos segundos el resto de las imágenes. Todas seguidas. Como disparos de una balacera en Culiacán.
La idílica imagen del bosque entre un mar de nubes se quebró de repente, con los fotogramas del orondo sujeto cayendo y girando, cuesta abajo, sin control.
Su cuerpo golpeaba como un pelele, contra los gruesos troncos, adentrándose en la zona más inaccesible, hasta que lo perdió de vista.
Pensó que, con el primer impacto, debió perder la conciencia irremediablemente, porque sólo le pareció escuchar dos guturales exclamaciones, antes del largo sonido de la rodada sobre la pinocha.
Después el silencio mandó de nuevo.
Quizás alguien le había empujado con violencia y perdió el equilibrio en la zona más delicada de la senda.
¿Pero quién? Si allí no había nadie …
La siguiente imagen le mostraba a un hombre que podría ser el mismo, sentado tranquilamente en el borde de la solitaria carretera, mirándose los doloridos antebrazos y esperando, no sé qué.
Un par de minutos más tarde, cogió una vieja gorra roja desteñida del asfalto y abandonó el lugar.
La última imagen que veía siempre era la misma. La del maravilloso paisaje del centro alto de la isla.
A este lado, el verde intenso de los pinos canarios y el Roque Nublo.
Al otro, el Teide gigante, las nubes y el océano.
..
Hacía meses que se comentaba que un pederasta nacido en Bélgica y con abusos confirmados en medio mundo, había elegido aquel paraíso isleño como residencia definitiva, o casi, para disfrutar de su nueva libertad.
Su desconocimiento del idioma no le arredró. Y sabía que allí nadie le reconocería.
Las listas de pederastas no son legales en España y como ciudadano europeo le asistía el derecho de libre circulación.
Sabía perfectamente que había un registro, pero no era público. Por eso se frotaba las manos.
En la comisaría central se recibió la pertinente comunicación, con cierta alarma. Inmediatamente se repartieron las tareas y funciones correspondientes.
Los ‘secretas’ observaron desde el aterrizaje en Gando, el comportamiento de aquel desconocido. Cambiaban de coche a menudo y desde la distancia, vigilaban los escasos movimientos del extranjero.
Nadie ajeno al mundo de la seguridad, se hubiera percatado del impecable operativo montado por el comisario Maroto. El observado tampoco.
Después de estudiar concienzudamente la isla, había alquilado por internet, desde su ciudad natal, una casa terrera frente a Salinetas, la cuidada playa de Telde.
Desde la amplia azotea, se veía al frente, toda la plaza blanca de la Iglesia, las Clavellinas y enseguida, la mar azul.
A su izquierda veía parte de la arena volcánica de la playa de Melenara y el coqueto paseo marítimo que conduce a Taliarte.
Al lado opuesto y en la lejanía, la visión de los escarpados riscos y barrancos que conducían al centro de Gran Canaria, a la Cumbre.
Las primeras semanas apenas se cruzaba con nadie.
Con la salida del sol, ya estaba caminando sobre la arena.
Pensativo cruzaba de lado a lado, los menos de trescientos metros de la longitud de su orilla. Lo hacía más de una decena de veces en cada sentido, hasta que el sol castigaba su piel rosada.
Uno de los agentes, también en pantalón corto, como un lugareño más, recorría la playa cruzándose con el distraído forastero. A menudo estaban los dos solos en la playa. Ni se miraban.
Al cabo de un par de meses, cogió confianza y cruzó hasta la playa vecina.
Le impresionó el imponente Neptuno de bronce, anclado en un puntón de piedra que sobresale de la marea.
Pensó complacido que sólo los ojos del rey de los mares le observaban, como hacía con los cangrejos rojos de la escollera del pequeño muelle.
No era así.
Durante varias semanas más, caminó a diario las dos playas
Por la tarde se giraba hacia la Cumbre
La miraba en la lejanía como miran los aborígenes australianos al monte Uluru. Con una mezcla de fascinación y de apasionante curiosidad.
No había visto nunca montañas como aquellas.
Salvajes cuestas empinadísimas, entre tupidos bosques de impresionante belleza.
Vio que la guagua tardaba casi dos horas en llegar arriba y estudió los horarios.
A partir de entonces cambió sus rutinas.
Y el operativo se volvió más difícil, hasta prácticamente desaparecer.
Durante meses subió casi diariamente a la Cumbre.
Allí daba largas caminatas entre los pinares centenarios del centro de la isla.
Algo más de cuarenta kilómetros conformaban el trayecto entre la capital de la isla y Artenara, su pueblo más alto.
Leyó que el término municipal forma parte de la Reserva de la Biosfera y del Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria.
Desde allí descubrió varias sendas de cazadores famosas, como las que conducen al frondoso Pinar de Tamadaba o al majestuoso Parque Rural del Nublo.
Pero también las hay solitarias y salvajes.
Una de ellas, la que lleva a la Punta de Las Arenas, es desconocida, abrupta, sinuosa y estrecha. Apenas deja un paso diminuto en muchas zonas y había que caminar con mucho cuidado, porque la caída podía ser muy peligrosa. A menudo, la inclinada pendiente terminaba en un precipicio de varios centenares de metros, al vacío. Varios carteles informaban del riesgo que implicaba caminar por allí y nadie se atrevía a hacerlo. Menos él, claro.
Aparte de la rutina a la Cumbre, había hecho vida normal durante un tiempo, sin levantar suspicacias.
Como le pasó anteriormente, cada día se sentía más seguro y confiado.
Hasta una tarde de verano a última hora, en la que se acercó demasiado a una niña que jugaba en los columpios más aislados de AltaVista.
Y es que este tipo tan dañino de psicópatas, apenas se resisten a abrazar la posibilidad de ceder a sus infames tentaciones.
Una madre alerta vio en los ojos viciosos de aquel individuo, un gesto que no le gustó y corrió hacia la niña. Su movimiento repentino hizo que muchas miradas se fijaran en ella y la posterior escena, alejando a la posible víctima de las garras del desconocido.
Los balbuceos inseguros del extranjero no convencieron a nadie y se arremolinaron varias personas más, interesándose por lo que estaba pasando. Hasta en un momento dado, se le cayó la desteñida vieja gorra roja que siempre le acompañaba y le tapaba el poco pelo que le quedaba en el cogote.
En pocos instantes el barullo era ya importante. Las sospechas también.
No tardó la policía en conocer la identidad del individuo que se lo llevó en su coche patrulla, tranquilizando momentáneamente a los vecinos.
Toda la tarde se habló de lo mismo en el barrio.
- “Si lo cojo, lo estallo como un cartucho”, decía en voz alta una joven madre indignada.
- “Déjate, que hemos tenido mucha suerte”, dijo un padre con su hijo de la mano.
- “Suerte y vigilancia!” Respondió convencida una señora con los brazos en jarras.
- “Porque sin esa vigilancia, ahora estaríamos de lloros.”
La sensibilizada prensa local se hizo eco del evento y filtró la verdadera identidad del monstruo.
M. D. T. (Arlon, Bélgica, 1957)
Después de varias condenas por secuestro, tortura y violación, con beneficios penitenciarios incluidos por buena conducta, había quedado en libertad y salido de su país para recalar en el nuestro, donde se había afincado.
Decían que ya había cumplido con la Justicia.
La tribunales belgas habían sido acusados de incompetentes, al igual que la policía, por el periódico con mayor tirada de la capital de Europa.
Esa noche, el condenado pedófilo, la pasó en el cuartelillo, donde acojonado, apenas se atrevió a cerrar los párpados. Los ojos negros de dos carteristas argelinos y un chulo putas de la isleta, le observaban entre curiosos y amenazantes.
Al día siguiente y después de una corta charla con intérprete incluido, en el que el comisario jefe Maroto le advertía de medidas más duras, si repetía su comportamiento sospechoso, quedó en libertad absoluta.
- “Y es que la ley no da para más”, le decía con pesar a un subinspector que les acompañó en silencio, hasta la puerta principal de la comisaría.
El rechoncho cobarde corría torpemente, abandonando la zona con sus bermudas caqui y su vieja gorra roja desteñida.
..
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(7)
En la tertulia con los Antonio, el recurrente tema volvía a salir con la misma fuerza de siempre.
- “Te vemos un poco obsesionado con eso. ¿No irás a cometer una locura?”
- “Que va! Ni siquiera estoy convencido de lo que planteo. Es pura teoría”.
- “Además yo no pretendo que exista ningún justiciero”.
- “Tampoco tengo motivos tengo motivos. Otra cosa es que me tocara de cerca…”
La conversación se volvía intensa por momentos y hablaban interrumpiéndose constantemente.
Lo llevaban haciendo más de treinta años y no iban a cambiar ahora.
- “Ya, pero quién dice que no existe el crimen perfecto?” Insistió mientras tomaba un sorbo de su Mahou, recién servida.
- “¡Claro que existe, hombre!” Afirmó uno de los Antonio”.
- “Quedan cientos de casos por resolver cada año. Algunos para siempre”
- “¿Y los que se clasifican como ajustes de cuentas, para no seguir investigando?
- “Me dice un amigo policía, que ni el muerto ni el motivo, valen la pena.”
Los tres coincidían en lo mollar del asunto.
Como tanta gente normal y corriente.
- “Cambiando un poco de tercio, sabéis que las tres grandes religiones monoteístas incluyen en sus antiguos preceptos, la Ley del Talión?”
Ahora la evolución de los tiempos discrepa de aquellos principios, pero en su momento tanto la Torá, como la Biblia y el Corán, la difundían.
La Biblia, en el Éxodo, el Levítico y el Deuteronomio.
- “Joder! ¿Como sabes tanto de temas tan peregrinos?” Se preguntó el otro Antonio.
Este sonrió y continuó.
- “Mira, en el Corán, ‘Las penas de Beccaria’, defienden que el castigo debe ser ‘Un poco superior’ al crimen cometido. De ahí lo de cortar la mano que roba.
Relacionando este aspecto con el judaísmo, está escrito que ‘Con la vara que midas serás medido’. Si un hombre hace un mal, la compensación de la Ley es que sea hecho lo mismo que hizo.’
Está claro que las tres doctrinas abrazan el Código de Hammurabi.”
- “El Código de quién?”
Volvieron a reír, ahora a carcajada limpia.
- “Recuerdo admirar ese enorme y antiguo cilindro negro azabache, en el Louvre.
Entre sus inscripciones hay más de doscientas ochenta leyes que influyeron de forma rotunda en los escritos de muchas religiones, incluyendo las anteriores.
Una de las leyes es la Ley del Talión.
La Estela, que es como llaman al imponente cilindro de basalto, tiene casi cuatro mil años y es una de las escasas maravillas del mundo antiguo que quedan intactas.”
- “Hammurabi, es el nombre del Rey de Babilonia que ordenó poner en las plazas centrales de las ciudades importantes, una copia idéntica de La Estela.”
Después de un corto silencio, el otro Antonio dijo: “Vale! Esas antiguallas darían una cobertura moral al hipotético caso de tener que … eliminar a alguien.”
Será esa la palabra adecuada?.
La realidad es que los tres amigos pusieron la misma cara y la misma mueca.
Al instante volvieron a la carga.
- “El sujeto tendría que ser alguien cuyos actos hayan sido tan asquerosos como demostrados. Condenados en firme y en juicios justos. Y que el quedar en libertad, suponga una amenaza clara y concreta”
- “Por ello es verdad que el beneficio social está asegurado. Muerto el perro se acabó la rabia.” Asintieron desde el otro lado de la mesa.
- “Y el digamos, ejecutor, está obligado a ser una persona inteligente, fría, preparada y concienzuda. No puede quedar ningún fleco suelto de donde tirar.”
- “Lo peor es que te convertirías en un asesino”, dijo Alberto.
La frase cayó como una losa sobre los tres amigos, que después de otro corto silencio, a modo de reflexión, cambiaron de tema rápidamente.
- “Contadme lo que tenéis entre manos en vuestros estudios” dijo Antonio, mientras levantaba la mano para pedir otra ronda de Mahou y una ración de brandada gratinada de bacalao con tapenade.
Con todo, mientras charlaban sobre sus planes artísticos inmediatos, la mente de los tres amigos se quedó en la frase anterior.
Asesino ?
Bueno…
(8)
La primavera en Madrid es tan corta como deliciosa.
Alberto aprovechaba, desde siempre, esa estación para disfrutar de dos de sus grandes pasiones, trabajar en sus obras y jugar al golf.
Las dos, con muchas más horas de sol que los meses anteriores
La primera, siempre en su apartamento/estudio de la calle Fuencarral, en pleno centro de la ciudad.
Tras la antigua cristalera del salón, reconvertido en “atelier”, veía la cercana Glorieta de Bilbao y en su esquina suroeste, el histórico Café Comercial, donde paraba muchas noches, en la recogida a casa.
La segunda, en cualquier campo donde quedara con la “pool” de amigos, con los que a menudo jugaba.
Había decenas de ellos cerca de la capital y apenas repetían durante la misma temporada.
Para ese martes, habían seleccionado un campo fácil pero coqueto, en las proximidades de Segovia y a tiro de piedra, o de bola de golf, del magnífico Real Sitio de San Ildefonso, más conocido como La Granja.
Una excursión siempre apetecible, pensó.
Luego comerían allí mismo.
El restaurante del club es estupendo, bueno y barato.
Menú con entrantes de la zona, judiones y cochinillo. Y seguro que ofrecen un buen Ribera del Duero.
El plan era inmejorable.
Madrugó para llegar algo antes de las 09:00.
Quería estirar un poco y dar un par de cubos de bolas, antes de pinchar en el tee del 1.
Le parecía que así cogía un poco de “feeling” al juego, antes de empezar.
Enfiló hacia la M-30, directamente por Puerta de Hierro, y en pocos minutos, cuando empezaba a clarear, ya estaba de camino a La Faisanera Golf.
La carretera bonita es la que cruza por Navacerrada, pasando el puerto camino del parque nacional de la Sierra de Guadarrama , por lo que evitó meterse en la autopista.
Lo hizo con todo el sentido para seguir normalizando la situación.
Y lo mejor para eso, era estudiar el primer fotograma de su eterno mal sueño, el bosque, donde el resto de imágenes posteriores, las violentas, tenía lugar.
Los bosques madrileños que atraviesa la subida al puerto se asemejan enormemente, a los de la subida a la cumbre de Gran Canaria.
Allí se aprecia el absoluto dominio del pino negro canario, sobre cualquier otra especie vegetal.
En la sierra que separa Madrid de Segovia, también es el pinar el dominante, pero en una especie, el Albar, que forma un conjunto más abierto y que deja pasar luz abundante en el sotobosque. También abunda el roble y el fresno.
- “Quien me iba a decir que a estas alturas me haría un experto en bosques”
El caso es que sintió el inicio de un ligero escalofrío, al recorrer el idílico paisaje del ascenso.
Pero esta vez, ya no permitió que el resto de esos virulentos y atroces pensamientos, se le agolparan en la mente.
Después de varios años, sufriendo la despiadada secuencia, dijo basta.
¡Bajó al completo la ventanilla del coche y gritó fuerte, tres veces : “Basta yaaa!”
Y por fin, fue suficiente.
“Hoy dejo atrás, para siempre, todas esas brutales imágenes”, pensó convencido.
..
.
Después de estirar y dar las bolas de prácticas que quería, se presentó en la salida del primer hoyo de La Faisanera.
Abrazó a Antonio, Roberto y a Paco, cuya amistad databa de orígenes tan antiguos que no recordaba.
Alberto salió el último de acuerdo a los hándicap.
Jugó el “Drive” tan largo como pudo y la bola voló lejos y al centro de la calle, donde reposó finalmente.
- “Golpazo!”, dijeron. “Vaya misil
- “Las cuatro bolas en calle. Buen comienzo. A ver si no nos torcemos.
- “Lo que no entiendo, dijo Paco, es como vienes a jugar tan pintón, pero con esa vieja gorra roja tan desteñida.”
- “Si la tiras, te regalo una nueva que me dieron en el último premio que jugué en La Moraleja”
Y allí, en la papelera del primer hoyo del campo segoviano, la abandonó sin más.
Entonces siguió a sus tres amigos que caminaban ya, mientras admiraban los bosques de pinos de la cercana sierra de Guadarrama.
..
.
FIN
( Ultima entrega. Viernes 10 de agosto de 2023 )
LA PRIMERA IMAGEN ES LA DE UN BOSQUE.
AJGCTRIANA
Playas de Vera. Julio. 2022

Interesante relato, a ver si lo continúas.
ResponderEliminarAbrazo.
Álvaro
Muy chulo Mc. Avisa cuando cuelgues la siguiente entrega….
ResponderEliminarGracias.
J.G.
Me ha encantado, súper interesante!!! Querremos más …
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