MOJACAR. SEMANA SANTA 2024




   A la mano!

Así ordena el capataz bajar el trono de La Virgen, cuando hay riesgo de choque con la maraña de cables,  que cruzan las sinuosas y empinadas calles.

El aire huele a inciensos, a cera quemada y a azahar. A Santidad y recogimiento.

A pesar de los centenares de personas que asistimos a la procesión de Jueves Santo, se podría escuchar la caída de un pañuelo en los adoquines de la vieja calle Enmedio, en la parte más alta de uno de los pueblos más bellos de España, Mojacar.

La esquina, muy angosta, todavía no me deja ver la imagen de Nuestra Señora de los Dolores.

A sabiendas de lo complicado de esta noche, me acerqué a la iglesia de Santa Maria, para ver las dos imágenes que sacarán los costaleros esta noche santa.

Llama la atención la falta de un retablo al uso, y es que este desapareció en aquella maldita guerra civil que disputamos entre hermanos.

Pasaron cincuenta años hasta que se le encargó a un pintor alemán residente en la villa, que decorara la pared principal de la Iglesia.

El resultado, como siempre en estos casos, dividió opiniones.

Más el paso del tiempo confirma el pleno acierto del extranjero que se inspiró en el Indalo, para crear una preciosa imagen de Cristo, con brazos extendidos y manos con las palmas hacia arriba, como queriendo abarcar el arco iris de la original figura rupestre almeriense.

El magnífico fresco transmite una serenidad inicial que ya te acompañará toda la visita al pequeño recinto.

Un cura medio escondido, dirigía la oración del puñado de feligreses, casi todas mujeres, en un ambiente incondicionalmente devoto.

La virgen es preciosa y elegante.

Su manto negro azabache con filigranas de oro, le da majestuosidad.

Tiene mucha tristeza en sus ojos temblorosos por la muerte de un Hijo.

Pero también el aplomo de una Madre ante la injusticia.

Me encantó admirarla tan de cerca y sin prisas.

Frente a ella, un nazareno de facciones perfectas y clásicas.

Tan próximo, transmite la fatiga del peso de la Cruz y de la Pasión.

Ves en su rostro, dolor y sufrimiento, hasta casi hacerte sentir incómodo.

Estaba yo enfrascado en mis pensamientos, cuando el cura medio escondido dijo en voz alta : “No tengas miedo.”

Joder!

Al instante pensé, como no voy a tener miedo, si observo el mundo a mi alrededor y acojona al más bragado.

Si la guerra, lo peor del ser humano, ha vuelto con nuevas fuerzas. 

Si también vuelve la enfermedad tan cerca de los míos.

Si el egoísmo de unos truhanes se merienda sin complejos las ilusiones de prosperidad de todo un País.

Si …

“No tengas miedo” dijo la voz calmada.



   Al borde de la medianoche sonó el himno nacional informando de la salida de Jesús el Nazareno, para procesionar.

Nos pusimos en marcha, al encuentro.

A los cinco minutos, se repitió el himno, anunciando ahora la salida de la virgen.

Como me gusta esa forma de empezar las cosas, que tienen aún los pueblos sin complejos.

Vuelvo a la esquina que todavía no me deja ver a la virgen.

Hay expectación entre los turistas, pero también en los gestos nerviosos de los locales que esperan que todo salga perfecto.

Los tambores quiebran el respetuoso silencio de una noche con la luna tapada por innumerables nubes medias, que a Dios gracias no han descargado.

Siguen a la banda los cofrades de riguroso negro.

Entre las mujeres hay niñas muy jóvenes, que como todas, portan velas encendidas cuidadosamente vigiladas por las mayores.

Las de esta noche llevan mantillas, aunque no sé si aquí también se les llama Manolas, como en otras partes de España.

El pelo recogido y el maquillaje discreto. Como el bolso de mano, pequeño, y el largo de la falda, por debajo de la rodilla.

La estética de nuestras procesiones es de indudable belleza y equilibrio.

No es de extrañar la fascinación con la que mira todo, un hombre maduro con el pelo gris y de nacionalidad desconocida, que tengo justo enfrente.

Cesan los tambores y vuelve el absoluto silencio de la noche oscura.

Tras unos segundos, suena de nuevo el llamador que martillea el trono para ordenar el nuevo movimiento.

De repente, asoma por nuestra calle, el reflejo de los candelabros delanteros del trono de la Virgen. Tras ellos, la fascinante imagen que tan fielmente refleja el dolor máximo. El sufrimiento desencajado en un rostro tan bello, te hace pensar en miles de cosas a la vez.

Y dar gracias al cielo por tanto.

Ese cielo hoy negro de actualidad, pero brillante de esperanza para el futuro.

Ojalá!

En un estudiado parón de las trompetas, se escuchó de nuevo la voz potente del capataz : “Arriba ! A lo más alto!

Y el trono con la Reina del Jueves Santo, subió más de un metro sobre las cabezas de los asistentes en una imagen sobrecogedora.

En pocos metros, desapareció tras otro de esos ángulos mágicos e imposibles de la parte alta de Mojacar.

No soy mucho de Semanas Santas.

En realidad no soy mucho de nada. Bueno si. De mi Familia soy mucho.

O muchísimo.

Por eso hoy estoy contento de haber vuelto a Mojacar y a su Jueves Santo.

Por eso estoy feliz y esta noche tengo Fe.


(Para Araceli, mi hermana)



Comentarios

  1. Que sobrecigedor Ale .... pense mientras leia que estaba ahi ....tu relato es total...... besos al cielo para tu hermanita !!!

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    1. Gracias, amigo. También enviaré besos al cielo, pero los besos a mi hermanita se los seguiremos dando aquí en La Tierra.

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