HASTA EL NÍSPERO
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Hace muy pocas horas que hemos estrenado el mes de agosto y me confieso completamente hastiado.
Nunca he podido disfrutar en plenitud, del supuesto descanso que se le presume a estas fechas. Una veces por el asfixiante calor de la canícula y otras por la masificación de los espacios públicos, incluyendo mis bares y restaurantes favoritos.
A menudo por ese cóctel mezcla de ambos, que ha jodido la mayoría de los agostos de mi vida.
Le pasará, seguro, a mucha de la gente sensata y libre de este país, o eso espero.
El caso es que estoy, como esa mayoría de españoles, más quemado que la moto de un hippie. No tengo más remedio que reconocerlo.
Pero lo más triste, es que vislumbro que la evolución será a peor.
Apenas me queda esperanza alguna.
Porquè?
Pues porque no son sólo los casi cuarenta grados centígrados permanentes que sufrí en Madrid, los que alimentan mi evidente decepción.
Tampoco es la difícil situación que reina en muchos de los rincones del planeta.
Como la guerra en Ucrania y en la franja de Gaza. Aunque eso ayude, claro.
O la siempre querida Venezuela y su asquerosa dictadura, defendida con el último pucherazo en las urnas, este fin de semana.
Allí está por cierto, el en mi opinión supersobrevalorado Zapatero, convertido en lobista a favor del régimen, blanqueándolo sin tapujos y callando ante el atropello chavista.
Ayer mismo se negó a secundar la petición del siniestro Grupo de Puebla, para que se publiquen las actas de los resultados electorales, o sea del fraude de Maduro.
Su descaro es impresentable.
Las cercanas elecciones en el país más poderoso del mundo, tampoco me alteran demasiado. Ni siquiera cuando sea Trump el que amenace con ganar otros cuatro años.
El que el votante y el simpatizante de la extrema izquierda, alce la voz contra Israel y Trump, mientras calla sobre Ucrania y Venezuela, no sorprende y me la trae completamente al fresco.
Conozco esa pasividad y mansedumbre ante unos indeseables y su beligerancia con otros.
Lo que se me atraganta hasta el infinito es Pedro Sánchez.
Y digo lo que, en lugar de el que se me atraganta, porque no tengo nada personal contra ese hombre. Así de fácil es.
En cuatro palabras me parece un tipo mediocre, insistente, sin principios y con suerte.
Nada más.
Es en lo que se ha convertido y lo que arrastra, lo que no puedo soportar.
Es su actitud chulesca y prepotente, la que me saca de mis casillas.
El absolutista líder que nos acostumbró a impenitentes mentiras, que disfraza de constantes cambios de opinión.
A la corrupción que tan cercana tiene, aunque algunos no quieran verla, mientras se tapan la nariz.
Sus inmorales agarraderas al sillón tampoco me impresionan.
Solo me enervan y me cabrean.
No es bueno ver al presidente de tu país atrincherarse en declaraciones furibundas contra los jueces ni en desviaciones populistas, como las infantiles cartas que nos escribe.
Tenemos meridianamente claro, que no dudará en “regalar” lo que sea, a quien sea, que le resulte imprescindible para perpetuarse.
Lo ha demostrado con indisimulada desfachatez.
La amnistía para los delincuentes que participaron en “el proces” es una completa vergüenza.
Cuantas veces dijo que no se podría hacer porque no era constitucional?
Se fumó un puro con sus propias declaraciones y las de todos sus ministros.
Se ríe de nosotros y como a sus acólitos, se la bufa todo.
También lo es la aplicación de una norma hecha para sacar de la cárcel a los condenados por los EREs de Andalucía.
Con eso y mucho más tragarán los que defienden a Begoña, mientras atacan a los jueces.
Son ellos los responsables de hasta donde llegue su “amado líder”.
Hasta donde le amparen, pondrá los límites de la desintegración del Estado de Derecho.
Porque èl no tiene líneas rojas.
Ayer confirmó su último disparate.
Ordenó destrozar la solidaridad entre españoles, en un ofrecimiento inédito a los independentistas catalanes de izquierda.
Les regala un concierto económico que dinamita el SFA, el sistema ordinario de financiación autonómica y, como no, la cesión del 100% de los tributos a la Generalitat.
Las críticas no se han hecho esperar y le vienen desde los cuatro puntos cardinales. Pero también se la suda. Lo sabemos.
Además no está claro que el gobierno tenga hoy por hoy suficientes apoyos en el congreso.
O sea una completa “merdé” que no encaja, ni de coña, en nuestro ordenamiento jurídico. Aunque para eso ya tiene Sánchez al Tribunal Constitucional comiendo en su mano y a su amigo Conde-Pumpido.
Para eso quería el control del CGPJ.
Pero el culmen de esta patraña, es lo que más me jode de todo lo que llevo viendo desde hace años.
Serán las bases de ese partido independentista catalán, las que acepten o rechacen el caprichoso regalo.
Tiene cojones, no?
Una vez más son los que odian España, los que dirán como tenemos que hacer España.
Leo que en sus filas reina la crispación y la división.
Que nadie puede aventurar el resultado de la votación de estos más de ocho mil sujetos y sujetas.
Que les pueden vencer las ganas de joder a España más que la pasta gansa.
De verdad puede alguien pensar eso conociéndolos?
Yo creo que irán directamente a por los billetes de quinientos.
Sin complejos.
Pero por si acaso, se me ocurre la solución perfecta.
Que envíe Sánchez a Zapatero y aplique en la sede de Ezquerra, la misma receta que han hecho sus amigos, en las elecciones de Venezuela.
Si allí con apenas el 20% de los votos, Maduro y su fraude se mantienen en la poltrona, aquí con un porcentaje parecido de los simpatizantes independentistas, gobernará Illa.
Los indeseables ganan.
Los que cumplimos las leyes, pagamos nuestros impuestos y apoyamos la solidaridad con los que menos tienen, perdemos.
Desde luego que no es para estar contentos.
Y todavía falta la traca final del fugado Puigdemont, que la puede liar aún más parda.
Lo que digo, desolador.
Cierro esta reflexión como la comencé, hastiado del agosto y hasta el níspero de lo que leo y oigo, pero pensando, si no necesitaremos hoy esa revolución pacífica y esa lucha que vemos en las calles de nuestra querida y abandonada Venezuela, ahora ya no la octava, sino la novena isla canaria.
Payas de Vera (Almería)
01 de agosto de 2024
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