Sobre tradición, sueños, fútbol y felicidad.
Recuerdo con mucho cariño las conversaciones de estas fechas con mi madre, a la que después de tantos años, sigo echando de menos.
Por eso no me sorprende la que esta mañana, me ha venido a la memoria.
“Hijo, como llevamos el tema de la lotería de Navidad ?”
“Ya te dije que este año quería regalar también un décimo a los Agustinos Recoletos de Madrid y dos a los mojes de La Cartuja de Miraflores. Que compartan uno las hermanitas de los pobres de Ávila, con las de Las Palmas. De los del año pasado, repetimos con todos.”
Me llevaba loco desde varios meses antes del sorteo.
Y eso que elegía su número en septiembre.
Mi problema era que su lista siempre fuera acorde a la cantidad de décimos que quería regalar.
Y finalmente, a pesar de las incorporaciones de última hora, siempre lo cuadrábamos.
Nunca nos tocó nada más allá del reintegro. Pero y si tocaba …
Traigo a colación mis recuerdos, para reseñar la importancia de la tradición en un día como hoy, donde lo sueños que preceden al sorteo más importante del año, llenan de ilusión el país entero.
Me considero una de las personas más afortunadas del mundo, y es por ello, por lo que a pesar de comprar y cambiar con muchos amigos, demasiados decimos, no creo que fuera justo que me tocara la lotería.
Es lo que hay, como dicen ahora los tertulianos televisivos, cuando no encuentran argumentos de apoyo a sus tesis.
Yo tampoco los tengo.
O si ?
El caso es que cumplo con ese primer requisito de un buen lotero navideño, que es la tradición.
Con los sueños me pasa lo mismo. Porque los tengo a puñados a pesar del paso del tiempo.
Así y todo, me temo que un buen premio, no cambiaría mucho mi estado del alma.
Entonces ?
Hace años, el sueño era que tocara ese Gordo maravilloso, en el club de fútbol donde mi hijo Pablo creció, jugó, disfrutó y aprendió tanto de la vida.
Porque el fútbol base, es un complemento ideal para el desarrollo de cualquier niño que sueñe con un balón.
Pero no sólo ese desarrollo físico que hay que trabajar, para competir bien los fines de semana.
En un buen club como el de Pablo, el compañerismo y la solidaridad se comparten, tanto en el césped como en el vestuario.
Los niños aprenden valores humanos y sociales fundamentales.
Sobre el verde se celebran las alegrías, en comunión con el compañero.
Se lloran también en grupo, los malos resultados.
Se hacen amistades que durarán de por vida.
Lo sé porque lo veo, no sólo con los chavales, también con sus padres.
Ellos ven y notan nuestro apoyo incondicional.
Es verdad que algunos deberíamos gritar menos desde las gradas.
Pero bueno, seguro que me han perdonado un pecado tan venial y que nunca originó problemas con nadie.
Porque en clubes como el de Pablo, los espectadores, la mayoría familiares, aceptamos de buen grado los resultados y aplaudimos tanto el buen juego, como la deportividad. Vengan estos de donde vengan. Simplemente nos gusta el fútbol. Y nos encanta saber que los valores que aprenden, les hará mejores personas y más preparadas.
Sería por todo este conjunto, por lo que soñé que aquel año salía el número de las papeletas de La Fundación ADF.
Veía en mi mente las caras alegres de muchos amigos y conocidos, con los que habíamos compartido tantos entrenamientos y tantos partidos.
Y la euforia de los chicos que vi crecer, cambiando la niñez por la adolescencia.
Sabía en mis sueños, de la importancia de aquel maná, para algunos padres y madres, que les costaba llegar a fin de mes.
La felicidad se brindaba en el pequeño bar, con botellines de cerveza que pasaban de mano en mano.
Todo era júbilo, abrazos y regocijo, cuando desperté con una sonrisa que tardé en borrar.
Hoy es veintidós de diciembre.
Otra vez se sortea la magia de la fortuna.
Con un café en la mano y la lista de mis décimos en la otra, voy comprobando que no coinciden mis números, con los que van saliendo en la pantalla.
Me da un poco de pena, pero lo asumo con serena deportividad.
No siempre se gana.
Es lo que hemos enseñado a nuestros hijos, no ?
Y una vez más me sorprendo con lágrimas en los ojos, al ver en las noticias, mujeres y hombres humildes, brindando y agradeciendo a la suerte, que por una vez, pose sus ojos en ellos.
Son gentes que hoy lucen semblantes radiantes, cuando anoche la necesidad y la preocupación apretaban.
En pocos días tendrán un pellizco que les permitirá una vida mejor y menos triste.
Brindo con mi café, entusiasmado, al comprobar que en la zona cero de la maldita DANA, se han repartido varios premios y unos pocos millones.
Por un momento podrán olvidar el desamparo absoluto, sentido en Aldaia, Ribaroja, Paiporta, Alfafar y otras localidades valencianas, cercanas al barranco del Poyo, donde sólo el Pueblo ayudó al Pueblo.
Veo también a los chicos y chicas de un modesto club de baloncesto de barrio, cantando y celebrando con sus papeletas en la mano.
“Yo tengo dos”
“Mi madre tiene una”
Y vuelven a bailar, brincando y bromeando frente a la cámara.
Felicidad y alegría plenas.
Mi sueño fue bonito.
Como precioso es el sueño que tendrán esta noche todas estas personas, tan poco acostumbradas a que la felicidad repare en ellos.
Por humanidad estoy con los pueblos valencianos abandonados a su suerte, por unos dirigentes torpes en unos casos y cobardes en otros.
Por proximidad, estoy con el club deportivo de San Blas.
Enhorabuena.
Que lo celebren con salud y que sigan formando personas, con los mismos valores que hemos enseñado nosotros en nuestro club, tantos años.
Un abrazo enorme en estas fechas tan señaladas, para mi familia y amigos, sobre todo a los que nos vemos menos y a los que pasarán la noche volando
Que no perdamos nunca de vista lo verdaderamente importante.
Feliz Navidad a todos !
( Por cierto, yo también jugué al fútbol.)
Muy bonitos recuerdos y reflexiones sobre algunas lecciones de vida que han de quedar impresas en nuestras mentes. También recuerdo aquellas fechas y las loterías de mamá. Cómo la echamos de menos y cuánto nos enseñó.
ResponderEliminarGenial.
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