DIARIO DE UN SONDADO. EXPERIENCIAS DE UN USUARIO DE LA SONDA VESICAL Y OTRAS CONSIDERACIONES
DIARIO DE UN SONDADO
El martes 25 de marzo de 2025, amaneció como un día normal, aunque habíamos vuelto de Nueva York la mañana anterior y me sentía cansado.
Por la mañana jugué un partido de padel muy reñido y después comí con cuatro amigos en un bar de moda de Madrid. Después del café, tomamos un par de copas en el estudio de uno de ellos y luego ya la tragedia.
Esa noche acabé en urgencias.
Después de la comida, empecé con dificultades para hacer pis.
Tuve que ir varias veces al baño porque me costaba orinar.
En las semanas anteriores también tuve problemas de micción, sobre todo justo después de levantarme. En esa primera orinada, me tenía que armar de paciencia, pero luego, ya iba con normalidad.
Los Gin-Tonic de ese día fueron la gota, o mejor el chorro, que colmó el vaso.
Y desde entonces, llevo 80 días atado ininterrumpidamente a mi infortunio.
Los últimos tres meses completos, con sus días y sus noches, han sido un auténtico suplicio. Han pasado demasiado despacio. Son ya 80 días atado a una sonda vesical.
Lo único bueno es que justo el día 85, el próximo miércoles, entraré en quirófano. Un equipo de élite, comandado por un top mundial y con la ayuda de un robot super listo, con nombre renacentista, me quitará la próstata de una vez por todas.
Valga está pequeña introducción, para presentar un caso que es muy común en hombres de mi edad.
Los técnicos lo llaman HBP. Hiperplasia benigna de próstata. Para mas detalle, mi caso es de manual.
Sabemos que la próstata tiende a agrandarse con la edad, y si la de un adulto joven es similar a una nuez de 20/25 cc. la mía es como un limón de 110 cc. Lo dicho, de manual.
También es común en el sector profesional en el que he desempeñado toda mi vida laboral. Según los expertos, estar sentado mucho tiempo, aumenta las posibilidades de esta dolencia.
Es verdad que el crecimiento no maligno de la próstata, no sucede de un día para otro, por lo que al hombre previsor y ordenado, que pase sus revisiones y haga caso siempre a sus médicos, no le pasará lo que a mí.
Mi intención no es otra que explicar y allanar el camino, a todo aquel que se encuentre en una situación como la mía. Porque la Sanidad como sistema, está enfocada en salvar vidas y cuidar de los pacientes. Justo lo que han hecho conmigo los médicos y enfermeros, hombres y mujeres, que me han tratado. Eso es lo importante. Objetivo conseguido. Estoy vivo.
Y ahora se entenderá lo que quiero decir.
Aquella noche difícil en urgencias me salvaron la vida.
No poder orinar por tu cuenta, puede derivar en complicaciones muy graves, como sabemos.
Se vieron obligados sondarme. Con todo lo que implica eso.
Hay mucho escrito en internet de este tema, para que nos informemos de primera mano con especialistas, por lo que solo apuntaré algo muy básico.
Me sondaron para comunicar directamente mi vejiga llena, con casi dos litros de orina, a una bolsa recolectora de esa orina que no podía eliminar por mis medios.
O sea, por el pene, me metieron un tubo de plástico, hasta la vejiga.
No entra fácil como imagináis, pero para que no se salga fácil y lo estropee todo, el tubo tiene un pequeño globo, que llenan después con agua esterilizada, en el borde que está ya dentro en la vejiga.
De esto último ni os enteráis. De lo otro si.
Me gustaría ser más explícito en este asunto tan espinoso y que a los hombres nos acojona.
No es dolor lo que se siente. Esa es la verdad. Aunque es algo muy difícil de describir, porque nunca has experimentado nada, ahí dentro. Desde luego es muy desagradable. Pero no hay que tenerle miedo. También conviene intentar estar relajado y así facilitar el trabajo de los sanitarios. Acabarán antes y lo agradecerás.
Estuve en urgencias casi cuatro horas y es que allí no se entra para un ratito.
A las tres de la mañana, dolorido y cansado, me enviaron a casa, sin el problema de no poder orinar, pero con un tubo de un metro y una bolsa enorme, pegados a mí.
Y lo que es peor, sin apenas instrucciones.
La enfermera que me puso la sonda en el segundo intento, no la otra que falló en el primero, me explicó algo de un tapón y me dio algún consejo sobre la higiene, tan fundamental en mi estado.
Luego, la doctora me dio una cita con un urólogo, a los ocho días.
Más de una semana con una sonda vesical y sin apenas saber nada de ella.
Y todo eso en la sanidad privada de una de las más afamadas compañías.
No quiero pensar que hubiera sido en la sanidad pública.
O quizás hubiera sido parecido ? O mejor ?
A lo mejor la enfermera en La Paz, me hubiera sondado a la primera, ahorrándome sufrimiento ? Nunca lo sabré.
Esa noche dormí fatal y apenas descansé.
Por todo lo que estoy pasando, me decidí a contar mi experiencia de casi tres meses sondado. Creo que hay un vacío en lo que la Sanidad no te cuenta y es importante intentar llenarlo.
Si con la lectura de este escrito, puedo ahorrar incertidumbre a alguien, me daré por satisfecho. Si además aporta luz y quito padecimiento a otros, doblemente feliz. A mi me hubiera venido fenomenal haber tenido la información, que yo ahora aportaré en estas líneas.
Quiero empezar diciendo que en el tiempo que llevo así, me han hecho muchas pruebas para determinar el origen y sobre todo, como solucionarlo. No ha sido solo tiempo de espera.
Me hicieron una resonancia magnética con contraste, un TAC con contraste, varias ecografías abdominales, una operación para eliminar un pólipo en la vejiga, una biopsia para comprobar que no hay zonas cancerígenas, y alguna cosa más que no recuerdo ahora.
Con todo eso llegaron a la conclusión de mi futura operación.
En mi caso, la próstata se comporta como un koala agarrado a un eucalipto; solo que el árbol es mi uretra y el cabrón de mi “koala” la estrangula absolutamente, sin dejar pasar ni una gota.
Me centro ahora en esa información útil para el que llega a casa como lo hice yo, dolorido, asustado y sin ningún conocimiento.
Espero que le vengan bien los aportes que hago, basados en mis experiencias y lo que he ido aprendiendo con el tiempo.
No son recomendaciones técnicas de ninguna manera.
No podría hacerlas, porque carezco de cualquier conocimiento médico.
Por eso insisto en que son solo experiencias personales, que pueden venir bien a pacientes como yo. Sobre todo a los que tienen que permanecer sondados un tiempo largo.
Comienzo contando que me han cambiado la sonda tres veces y las cuatro sondas utilizadas, son cuatro modelos diferentes. Supongo que habrá más.
La primera, en urgencias, tenía un grosor mayor que la segunda, pero menor que la tercera y a la que llevo ahora mismo.
El tamaño es importante. En este caso el calibre.
La primera era transparente y solo tenía dos vías. El principal, para la recogida de orina desde la vejiga y la otra mas pequeña, para inflar el globo. Ese último lleva escrito la cantidad de agua esterilizada, necesaria para inflar el globo.
Esta sonda me la quitaron en la visita que hice al urólogo ocho días después de acudir a urgencias. Creíamos que iba a poder orinar solo, pero a las ocho horas, viendo la imposibilidad, tuve que volver a urgencias y me sondaron de nuevo.
La segunda sonda era de látex, de color carne y algo más fina. También con dos conductos, como la primera.
Ese material es opaco y más flexible, lo que me facilitó la existencia.
Luego contaré porqué.
Cuando me operaron para quitarme un pólipo en la vejiga, que detectó una de las pruebas, me hicieron otro cambio y me pusieron la tercera sonda. Como en la operación, tienen que entrar por el pene hasta la vejiga, utilizan una sonda de mayor calibre.
Cuando desperté, vi que me habían vendado la zona y tenía la molestia de esa mayor anchura del tubo. Además del conducto para el globo y el de la orina, había otro grande. Era como la lengua bífida de una serpiente.
Me explicaron que era usado para meter unas bolsas enormes, con tres litros de agua esterilizada, y lavar la vejiga como en una lavadora. Así puedes eliminar los restos de sangre producidos por heridas en la operación, que posteriormente cicatrizarán sin problemas.
Estuve dos días lavando y lavando, hasta que quedó como una copa de vino de un restaurante de lujo.
Antes de darme el alta, un médico del equipo me recomendó quitar la sonda e intentar otra vez hacer pis solo. Mi doctora opinaba lo contrario, que no ganaríamos nada porque pensaba que no podría. Nada ha cambiado, me decía.
Pero yo, aunque no creía que pudiera, decidí probar.
Sobre todo por quitarme una sonda gruesa que me jodía más que las otras.
Se lo dije a la enfermera y que me trajera una más fina, si se podía, claro.
Y así lo hicimos.
No pude orinar solo, pero la sonda que me pusieron es más fina que la de la operación y ya creo que será la última. Es la que llevo ahora.
El material más o menos duro es importante para la comodidad del paciente. Las más flexibles son idóneas para poner una bolsa pequeña de pierna y bien fijada, permite salir de casa sin llamar la atención y darte un paseo. Digamos que la curvatura que dibujan los tubos hasta la bolsa de pierna, no te molestan demasiado. Aquí es donde digo que las de silicona son más flexibles y esa curvatura te molesta mucho menos.
Cuanto más dura es la sonda, más molesta es para el usuario.
Hasta ahora hemos hablado de la sonda, o sea del tubo que te meten hasta la vejiga, con el globo para que no se salga, y que después sale de tu cuerpo unos veinte o veinticinco centímetros.
Las bolsas que recogen la orina, se unen a la sonda, por una conexión que se introduce en su borde exterior.
Yo he usado tres tipos de bolsas.
La de pierna que mencioné antes y que es buena para darte un paseo y salir de casa. Incluso, cansado de mi inactividad, me aventuré a jugar un premio de golf con ella. Son fáciles de vaciar y tuve que hacerlo un par de veces durante el recorrido.
Su capacidad es de 750 mililitros, pero a partir de 300 se vuelven pesadas y se mueven demasiado. Yo las fijo con un clip a la pernera de un calzoncillo tipo bóxer. Ni se mueve.
Pude terminar los dieciocho hoyos en bugui, pero me arrepentí de haber hecho tanto esfuerzo.
El movimiento del swing de golf es un poco agresivo y me molestó hasta varios días después. No he vuelto a jugar ni a forzar. Miento, si me atreví a asistir a un concierto de Ed Sheeran en el estadio del Atlético de Madrid. Pero no supuso demasiado esfuerzo.
De las bolsas grandes me quedo con las de dos litros y con válvula de vaciado. Las que no tienen ese grifo, en mi opinión no valen la pena.
Gastas demasiadas, porque con más de medio litro ya pesan lo suyo. Te pasas el día cambiándolas.
Los dos litros vienen bien cuando duermes, porque sabes que no las llenarás. Si fueran más pequeñas, sí se podrían llenar, porque tienes que beber mucha agua. Te quitas problemas y descansas mejor.
Yo las suelo vaciar en el WC cuando tienen más o menos 500mililitros.
Noto ese peso y la vacío, secando después el grifo con papel higiénico.
He leído que se recomienda el vaciado antes de llegar a la mitad de la capacidad de la bolsa. Yo casi siempre lo hago antes.
Como llevo tres meses así, desde marzo, he tenido días de frío y días de calor.
Los de frío, metía la bolsa en una bolsa de tela y la ataba al cinturón de la bata o albornoz, donde colgaba sin tirar de mis partes. Tienes que dejar parte del tubo fuera de la bolsa de tela. Eso me permitía estar visible sin llevar calzoncillos.
Ni que decir tiene que desde el primer día prescindí de los calzoncillos.
Solo me los pongo para salir de casa.
Los días de calor como hoy, que debe haber más de treinta y tres grados ahí afuera, me pongo una toalla fina que anudo a mi cintura. En el segundo nudo, es donde cuelgo la bolsa de tela, con la bolsa de orina dentro.
Hay que tener cuidado y no dejar demasiado tubo colgando para no tropezar.
Parece una gilipollez pero no lo es.
Una cosa es tener esta sonda una semana y otra tenerla tres meses.
También hay que ser cuidadoso a la hora de levantarse de la mesa, por ejemplo después de comer. Tenemos que comprobar que no estamos pisando el tubo, porque verías las estrellas. He estado a punto de hacerme mucho daño. Piensa que el tubo largo mide un metro y eso es mucho, o sea que controla tu manguera.
La noche es problemática, porque la posición de la bolsa limita tu movilidad.
Yo me muevo más que los precios, por lo que tuve que experimentar mucho.
Mi lado de la cama es el izquierdo, o sea que tumbado, tengo a mi izquierda a mi mujer y a mi derecha la mesa de noche. Y ya que hablo de mi mujer, desde aquí le agradezco públicamente su ayuda y paciencia, durante todo este proceso tan largo y penoso. Se ha portado como una campeona.
En un cajón que abro y cierro, cuelgo las asas de la bolsa de tela, donde meto la bolsa de recogida de orina y parte del tubo. Tiene que estar siempre por debajo de la altura de tu cuerpo tumbado, para que por gravedad, salga la orina.
Tanto en tus movimientos, como en los que hagas con las mantas, al taparte para dormir, se pueden producir tirones que son dolorosos.
He descubierto que lo mejor para evitar esas molestias, es coger una camiseta normal y forrar suavemente el pene y parte de la sonda y tubo, para dejarlo algo más fijo y que no pendule. Si se mueve mucho, la unión de la sonda con tu cuerpo, también se mueve y molesta, llegando a producir un dolor intenso. Fijando el conjunto, todo se mueve unido y no arrastra nada tuyo.
Empecé probando con una toalla pequeña, pero las camiseta de algodón es más suave y ligera. Es ideal para esa función.
He llegado a perfeccionar la técnica hasta un límite que me permite girarme al otro lado sin problemas. El secreto es coger tus partes y mover el conjunto desde ahí y no al revés. Protege la zona donde se inserta la sonda y el resto va detrás sin molestarte.
La posición más fácil para empezar es colocarte boca arriba y llevar todo ese conjunto hacia tu ombligo.
Así además cambias la posición de todo el dia y tus partes lo agradecen.
Lo fijas suavemente como he explicado y a descansar con una mano puesta sobre la zona. Así puedes mantenerlo todo controlado.
Ahora hablamos de higiene.
Es fundamental tener siempre limpia la sonda, por lo que los lavados de manos continuos son imprescindibles.
Solo con las manos recién lavadas con jabón, se puede manipular la zona de la sonda. Yo usaba siempre agua fría. Es más refrescante y se lleva peor con la sangre que el agua caliente. Lo noté los días posteriores a la biopsia.
Como cuando estás sondado, te mueves mucho menos, el tránsito intestinal se comporta peor y cuesta más ir al baño.
Si conseguimos evitar estar estreñidos, nos ahorramos un problema.
Porque hacer mucha fuerza en el WC no es lo ideal estando sondado.
Se ve de lejos, no ?
Hay que pensar que la sonda se introduce por ese agujero que se ve. Y que si bien la sonda es dura, tu cuerpo es elástico. Si haces mucha fuerza, puede salir líquido por fuera de la sonda y mancharlo todo. También me pasó después de la biopsia y sangré, manchándolo todo.
Además es un riesgo importante de infección.
Para evitarlo, muévete, aunque sea en casa. Haz ejercicios suaves, sin esfuerzos y estiramientos. Levántate a menudo. Yo no estoy más de media hora sentado.
Come más frutas y verduras. Las legumbres también te sentarán bien.
Bebe mucha agua, zumos y té verde.
Mi doctora me dijo que una copa de vino, no es mala. Tres si.
Que no bebiera cerveza ni bebidas carbonatadas.
Esas burbujas son nefastas para mi próstata.
Y que lo peor, ya lo había experimentado, es el alcohol.
Gin tonic, cuba libre, güisqui con agua, vodka, tequila y demás Venenos están prohibidos por tu próstata. Allá cada uno, pero yo los borré de mi cabeza el día de las primeras urgencias.
Es importante que apuntes tus dudas para no quedarte en blanco, cuando hables con tu médico.
Cuando me siento en el WC lo hago con cuidado por el tubo que se apoya en la tabla.
Luego protejo mi pene con un poco de papel higiénico. Para entendernos, lo forro.
Al terminar y después de dejarlo todo limpio, me lavo las manos con un producto especial anti bacteriano. Después me siento en el bidé o me meto en la ducha. Con el mismo jabón me lavo bien lavado. Todo con orden lógico, incluyendo la sonda y la parte que me une a ella. No me acuerdo de la marca, pero hay varios parecidos en farmacia. El mío, en formato de 100ml, no cuesta más de cuatro euros. Me lo ofreció mi amiga Macarena, la farmacéutica, que sabe más que los ratones coloraos.
Todas las precauciones son pocas para evitar la temida infección y yo las tomé todas.
El dia que el FC Barcelona ganó la liga, tuve que sumar un segundo disgusto.
Esa noche tuve los primeros síntomas de infección de orina.
Ya los había padecido antes.
Escalofríos, fiebre, dolor al salir la orina…
No se soluciona solo y no tuve mas remedio que acudir a urgencias.
Esa vez no me cambiaron la sonda. Menos mal.
Me ingresaron cinco días.
Y me metieron antibiótico en vena como si fuera un toro semental de mil quinientos kilos. Ellos sabrán, pensé.
El motivo era que la semana siguiente tenían que hacerme una prueba y con esa infección era imposible. El resultado estaría alterado y no me la harían. Con lo que me había costado conseguir esa cita.
Por eso me pusieron ese tratamiento duro que controló la infección.
Y por eso insisto yo tanto en la higiene.
Días más tarde descubrí, eso creo, el probable origen de la infección.
Hasta ahora no había hablado del tapón y aprovecho ahora.
Es un objeto plástico, cónico y verde que colocas para cerrar la sonda, cuando no tienes la bolsa puesta.
Vale para ducharte con menos cosas colgando, sin mojar la bolsa y para no enredarte entre tanto plástico.
No es bueno utilizarlo mucho, porque evita la salida de la orina que se queda ahí, en ese trozo de la sonda.
Una vez quité el tapón y me duché sin nada. Estuve un cuarto de hora así y el aire entró hasta dentro. Cuando un rato después, ya con la bolsa grande puesta, empezó a salir la orina, sentí un dolor punzante, a la vez que escuché un ruido dentro del tubo. La orina desplazaba el aire que salía de la vejiga haciendo burbujas. Ese pudo ser el motivo de mi infección y no he vuelto a dejar la sonda abierta más allá de unos segundos.
La mayoría de las veces lavo la sonda en el bidé. Como ya dije, con agua fría.
La técnica adecuada no es tirar de la sonda hacia afuera, para limpiarla con el jabón anti bacteriano. Tirar de la sonda puede ser doloroso, no lo hagas.
En lugar de eso, coloca la punta del pene entre dos dedos y mueve la mano, presionando hacia abajo. Así dejas al descubierto varios centímetros del tubo, que habitualmente están dentro de ti y puedes limpiarlos sin problemas.
Desde el principio notas como si el pene se moviera hacia delante o hacia atrás en la sonda.
Es como si con ese movimiento, nuestro cuerpo “se comiera” la parte exterior de la sonda. Y eso me lleva a hablar sobre las erecciones nocturnas, que son las que no controlamos.
Los especialistas hablan de las erecciones matutinas que llaman técnicamente, tumescencia peneana nocturna ( TPN ).
Estas erecciones son un fenómeno natural en la mayoría de los hombres y un indicador de buena salud sexual.
El problema es que al estar sondado, ese agrandamiento “se come” el tubo de la sonda, hasta el límite donde se ensancha, para unirse con el tubo de la bolsa de orina. Y eso es muy molesto. Tanto que te despierta, no con dolor, pero si con una incomodidad muy grande.
Cuando me pasa, llevo la mano al conjunto que decía antes, y con cuidado, me siento en la cama. En un par de minutos la erección desaparece.
Mi última recomendación para el usuario de la sonda vesical de larga duración, es que seas paciente.
Paciente contigo mismo y sobre todo, con la gente que te rodea. Estás jodído vale, pero no lo pagues con tu familia. Escucha música, escribe, pinta, haz cualquier cosa que haga que te sientas mejor. Y no te desesperes nunca.
Hay enfermedades mucho peores que la nuestra y conozco muchos de esos enfermos que lo llevan con dignidad y valentía.
Aguanta amigo, que la solución está próxima. Te lo digo yo que llevo así casi tres meses. Suerte y valor.
PD : Hoy día 02 de julio, se cumplen dos semanas desde que por fin, me quitaron la próstata.
La operación salió muy bien y en pocos días me quitaron la sonda . Después recuperé la normalidad absoluta.
Ahora hago pis perfectamente y me sale un chorro, que me recuerda mucho al Salto Ángel.
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