350 CAMPOS ROJOS

 350 Campos Rojos


Estoy convencido de que en nuestra existencia apenas hay espacios estancos o completamente aislados. Y menos cuando hablamos de las experiencias de toda una vida.

No somos como la nave espacial ‘Nostromo’.

Aquella, en la que en su viaje desde un basurero Intergaláctico, o algo así recuerdo, se coló una criatura infernal, como el octavo pasajero.

Recuerdo como según se acercaba el Alien, entre chorros de vapor y luces naranja de alarma, se iban cerrando los distintos compartimentos, pero joder, siempre con el bicho dentro.

Que sensación de claustrofobia!

A lo que iba, el ser humano no tiene la capacidad de la nave de la teniente Ripley.

( Magnífica Sigourney )

Así, todas las facetas que uno desarrolla, tanto en lo más íntimo, como en lo público, están perfectamente conectadas. Y cuando digo conectadas, no me refiero a ordenadas. Es más, casi me atrevería a decir, que están  felizmente desordenadas y caóticas. Solo así puedo entender lo complicado del carácter humano, empezando por el mío mismo.

Este devaneo socio-psicológico inicial, me sirve para presentar la última obra que acabo de colgar en Madrid.

Mi amigo FG me encargó una pintura de buen formato, con tres premisas muy claras.

La primera es que engalane la pared más noble de un apartamento delicioso, en el centro del barrio de Salamanca.

En una de sus calles más significativas, encontró un oasis casi perfecto,  donde torear con arte, las presiones profesionales, las decisiones futuras, y los pequeños o grandes desencantos, que todos tenemos que afrontar en nuestras variadas vertientes humanas.

La segunda clave es que transmita sentimientos.

Y mi forma de cumplir con su petición, ha sido crear una expresionista abstracción que irradie pasión, intensidad y energía vital.

Que el ambiente reinante en la estancia fuera calmado y sosegado, con tonos neutros y serenos, me dio pie a contrarrestarlo, con un trabajo que muestra infinitos tonos rojos, en una docena de campos de color comunicados, como las facetas de la vida de cualquiera.

Justo lo que en las primeras líneas de esta reflexión concluí.

Campos de color que representan las diferentes etapas que afrontamos o dejamos atrás, y su interconexión.

Y líneas que crean separaciones difusas, entre esos espacios a propósito mal definidos.

Unas veces las líneas son concluyentes y otras efímeras.

Algunas gruesas, rectas y densas. La mayoría arañadas. Otras finas y desaliñadas.

Vamos, como es nuestra propia vida.

Coloqué caprichosamente formas rectangulares de colores diversos o transparentes, que podrían representar, o no, hechos concretos o ciclos de ese conjunto vital.

Una carta de navegación personalizada a modo de homenaje, recuerda la última línea volada entre el siempre exótico Río y Barajas, nuestra casa.

La última noche sobre el Atlántico.

Como el ‘Nostromo’ en su vuelta a la tierra, pero sin sobresaltos.

Abajo a la izquierda, el avión más moderno de nuestras flotas.

Es el elegido para el tercer y último requerimiento.

Dibujé el A350 a mano alzada, sobre un campo de rojos que tienden, mitad a carmesí, mitad a burdeos. En una posición que con el tren abajo y el morro alto, no aclara si despega o aterriza.

Como todo en el cuadro, es interpretable.

Menos la alegría, la fuerza y la pasión que transmite, la primera vez que lo ves.

Si tu avión, querido F, está en pleno despegue, te deseo feliz vuelo.

Estoy seguro de que será tranquilo, como la mayoría de los que hemos hecho en tantos años, allí arriba.

Si tu avión estuviera aterrizando, seguro que lo posarías en el suelo con la delicadeza de casi siempre. Y si no, si hiciera falta, aplicarías el refrán que nos enseñaron nuestros antiguos maestros : toma dura, toma segura.

Disfrútalo mucho tiempo con ilusión. Y que cuando al entrar enfrentes la mirada a ese cuadro, sientas toda la fuerza y alegría que tienes dentro.

Un abrazo.



                            

 



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